Terrorismo versus paz e inteligencia emocional

Quizá desde el 11 de septiembre de 2001 el mundo no se enfrentaba a una masacre que cuestionara tanto la seguridad, la ética y la inteligencia emocional de Occidente; este último aspecto analizado, se refiere a la misma inteligencia de la cual parecería depender cada vez más nuestro inmediato futuro como especie humana y de una Colombia que desea erradicar la violencia.

Igual que hace 14 años, una vez dinamitada la seguridad, parecería que la moral se hubiera polarizado entre quienes rechazamos el ataque terrorista y quienes parecerían indiferentes ante la indignación que todo crimen de esta naturaleza debe generar en una sociedad moderna. Y por desgracia, no todos tienen la inteligencia emocional que una vez más demuestra el Papa Francisco, con sus declaraciones éticas frente al tema.

Pero, cuáles principios éticos, mencionados por el Papa, están en juego en estos casos: ante todo el derecho a la vida y, en segundo lugar, la libertad de prensa. Casi todos los columnistas del mundo defendimos estos principios, ante la masacre de Charlie Hebdo. Pasado este momento crucial, de cerrar filas para defender unos principios de convivencia universal, vale la pena ir más allá para propiciar un proceso de madurez emocional que aplica a la dividida sociedad francesa –y en general occidental.

“La libertad de expresión no da derecho a insultar la fe de los demás” -dice el papa Francisco. El líder católico nos pone a pensar de nuevo sobre la única manera de manejar estos dilemas que se pueden repetir en las calles de París o en los candentes caminos de la paz de nuestro país.

Cuando repetimos ‘Yo soy Charlie’, recordemos que Charlie no solo fue víctima… también fue victimario. Está demostrado que Charlie adelantó sistemáticos procesos de matoneo contra todos los franceses que tienen algún tipo de fe, con xenofobia manifiesta contra los islámicos; la reacción de algunos de ellos, los terroristas de este caso, a las presiones psicológicas, económicas y sociales de franceses como Charlie, resultó despiadada. Absolutamente inaceptable, pero perfectamente entendible.

Entenderlos, no significa por cierto avalar al terrorismo ni a los asesinos. Estoy proponiendo que al hacer conciencia, como sociedad inteligente, evitemos el matoneo mediático que solo exacerba los crímenes políticos o ideológicos, como en el caso de Charlie u otros ejemplos en nuestra propia historia nacional.

Los periodistas de opinión nunca respaldaremos atentados contra la vida, vengan de donde vengan, como aquellos que ocurren también acá, a diario y de las más atroces maneras. Quienes hacemos parte de esta consciencia democrática debemos ir más allá, con códigos de ética que nos permitan opinar ‘claro y fuerte’, pero sin ofender a nadie, y mucho menos a los marginados o a aquellos que no tienen voz para responder.

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