Jorge Eliécer Pardo, en el laberinto de nuestras memorias

“Nadie es profeta en su tierra”, es un certísimo lugar común. En una reseña histórica de escritores tolimenses (http://www.colombia-sa.com/departamentos/tolima/personas2tolima-es.html) no encontré a Jorge Eliécer Pardo. Me pareció absurdo que uno de los tres más distinguidos escritores del Tolima (junto a José María Samper y Germán Santamaría) no esté en la lista.

Pardo nacido en Líbano, Tolima, licenciado en Español e Inglés en la Universidad del Tolima, con estudios de doctorado en Literatura en la Universidad Javeriana, profesor en colegios de Ibagué y Honda, lo mismo que en reconocidas universidades de Bogotá, es bastante apreciado, pero lejos. Fundador y codirector de las revistas de arte y literatura Pijao y Gato encerrado, expresidente de la Unión Nacional de Escritores de Colombia, como escritor ha sido incluido en diversas antologías: ‘Cuentos hispanoamericanos: Colombia’, edición bilingüe español-alemán; Cuentistas hispanoamericanos en la Sorbona; y, Antología da novela hispano-americana (en portugués). Quizá una de sus obras más reconocidas sea ‘El jardín de las Hartmann’ (posteriormente re-editada como El jardín de las Weissmann). Entonces, ¿por qué se le ignora?: quizá porque su trayectoria irrita muchos egos de ciertos paisanos.

En la obra de Pardo se entrelaza historias nacidas en su tierra con acontecimientos universales. El escritor, con un lenguaje exquisito -refinado sin duda en sus estudios y su obra- hace uso de metáforas reconocibles por cualquier lector, en cualquier lugar del mundo.

La columnista de EL ESPECTADOR de este domingo, Berta Lucía Estrada Estrada, presenta su última obra, que hace parte dela saga ‘El quinteto de la frágil memoria’. En ella habría retratado una época de violencia y desolación.

En este libro Pardo recrea el drama de la guerra, en la cual nos vemos envueltos de una u otra manera los seres humanos, como marionetas de titiriteros del poder como Hítler o el presidente colombiano de esos días narrados, Eduardo Santos.

El libro cuenta la vida de un pianista, Hendrik Joachim Pfalzgraf, que llegó a Colombia procedente de Hamburgo y el coprotagonista es un humilde carpintero de Bogotá, Carlos Arturo Aguirre.

“Es un viaje en el que el pasado se hace contemporáneo del lector. Una soberbia lección de historia, sobre todo en un país donde la hemos vilipendiado y convertido en el trapo con el que limpiamos la basura que no queremos que vean los vecinos”, dice la columnista Estrada.

“Pfalzgraf, en la búsqueda de sí mismo, terminó desviado, definitiva e inexorablemente, en el laberinto de su memoria”. Ojalá, para repasar nuestras propias memorias, podamos adquirir el libro; ojalá, también, que los talleres literarios de Ibagué empiecen a reconocer los méritos de este hombre que a sus 65 años presenta una obra madura en lo literario, que otros colombianos y muchos europeos han reconocido desde hace años.

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