Cúspides corruptas

Resulta poco atractivo encontrarse con una situación en la que la mayoría de los sectores de actividad en el país se han venido contaminando en forma acelerada del vicio de la corrupción. Buena parte del país,durante mucho tiempo, creyó en el paradigma de que el trabajo honesto y la perseverancia en actividades rentables pueden gradualmente generar fortuna y acumulación de capital.

Sin embargo, como todos lo sabemos, llegó el día en que este precepto cambió del modo menos deseable, se impuso la cultura mafiosa y oportunista, la de los grifos de oro, los jet privados, las suites y el “cuarto de hora de los cargos públicos”, y como resultado indeseable pero inevitable, los dueños transitorios de las ramas del poder, en un afán delirante de sacar provecho de sus posiciones, terminaron haciendo cosas inentendibles para muchos, pero explicables alrededor de la ambición ramplona e ilimitada que nos agobia.

Reflexiones como estas nos pueden llevar a entender por qué ocurren y se repiten día tras día hechos y cosas tan inentendibles, como la que hoy mina la credibilidad en la justicia colombiana, la noticia de los últimos días, en el sentido de que existe la posibilidad de que el magistrado presidente de la Corte Constitucional, haya pedido una coima y enturbiado en el mismo hecho, el nombre de otro magistrado de la misma Corte.

Muchos de los colombianos nos debemos estar preguntando ¿Cómo es que un funcionario que tiene todas las prerrogativas que pueden existir, con ingresos mensuales que rodean los 30 millones de pesos, con los cuales, sin la menor duda, cualquier persona puede vivir con su familia en las mejores condiciones imaginables, puede corromperse y llegar a estos extremos, y más cuando se trata del órgano de mayor relevancia jurídica del país?

En nuestra democracia representativa, son inexcusables los hechos de corrupción demuchos agentes de las esferas del gobierno, que deben ejecutar recursos en las iniciativas y proyectos ofrecidos en las campañas electorales, pero que caen frente a las presiones de las maquinarias y los empresarios que los llevaron a sus dignidades; al igual que los legisladores que ruedan seducidos por los diversos tráficos de poder.

Pero el problema empeora, cuando quienes están encargados de investigar y administrar justicia caen en los mismos o mayores errores, agobiados por vicios tan graves como los de las otras ramas del poder y los empresarios. Como quien dice: “Y ahora, ¿quién podrá defendernos?”.

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