Un nuevo tiempo para el proceso de paz

El Gobierno y la guerrilla fariana dialogaron como contrarios sobre una difícil agenda de conversaciones, mientras que en los campos y las selvas se enfrentaban sin tregua, con muertos de lado y lado, para mostrarse fuerte cada uno ante el otro, era una estrategia que sostenía la desconfianza entre las partes y que rápidamente desgastaría la confianza ciudadana.

En efecto, nadie entiende que se prolonguen unas conversaciones al tiempo que los actores se sigan matando, así haya existido una eficaz tregua unilateral por parte de las Farc, correspondida por el Gobierno con la suspensión temporal de los bombardeos de la Fuerza Aérea. Este enfoque se desgastó y regresaron los enfrentamientos, la crisis de credibilidad, los muertos de clase pobre, los atentados de las Farc contra los activos petroleros y el agua de la gente, las infraestructuras y la destrucción de valiosos recursos naturales.

En medio de esta tensa situación y bajo el riesgo de una ruptura, llegó lo esperado para el destrabe de la situación. Las Farc volvieron a asumir una tregua unilateral de cuatro meses, con instituciones internacionales al tanto de su verificación y la correspondencia del Gobierno, mediante un desescalamiento de las acciones en su contra; lo que en el fondo muestra una tendencia hacia la tregua bilateral, que el gobierno ha esquivado por el temor a que las Farc saquen provecho del estado de distensión, alargando artificialmente las negociaciones mientras se rearman, lo cual daría un entierro de segunda categoría al proceso.

No se sabe que ocurrirá luego de los cuatro meses que se dieron las partes para decidir sobre la continuidad de los diálogos y el proceso, pero lo único que justificará que se continúe en el empeño del acuerdo, es que las conversaciones, entradas en temas difíciles como la justicia y el resarcimiento a las víctimas; progresen y en noviembre se tenga, o se esté muy cerca del protocolo del acuerdo, mientras tanto, son muchos los peligros que debe sortear el proceso. Los fundamentalismos, sobre todo de la extrema derecha y los aprovechadores de la confrontación, que lo harán todo, desde el campo político, los medios de comunicación o mediante acciones desestabilizantes, por provocar el fracaso de las negociaciones. Pero, esta vez, es avistable en la línea del tiempo, que el derecho a vivir en paz, tiende a ser superior a la inercia de la guerra.

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