Una medición, una reflexión

Las últimas mediciones técnicas de intención de voto en el plebiscito están dando cuenta de que la tendencia de quienes efectivamente concurrirán a las urnas el 2 de octubre, alcanza y comienza a superar el 60 por ciento, por el “Sí”, es decir, una proporción cercana a dos personas que apoyan el acuerdo con las Farc por cada tres votantes.

En este escenario, vale recordar lo ocurrido con el plebiscito anterior, el de 1957, que consultaba varios aspectos importantes para la nación, principalmente, el acceso compartido a la burocracia estatal y la alternación en el manejo del poder por cuatro períodos, entre los dos partidos tradicionales, y la igualdad de derechos políticos en favor de la mujer. El voto aprobatorio de ese plebiscito fue asumido por la absoluta mayoría de los ciudadanos, como un acuerdo para el bien de todos, dando como resultado que el 95 por ciento le dijo “Sí”.

De un modo semejante, se puede esperar que hoy, cuando nos corresponde a los colombianos legitimar o no el acuerdo con las Farc, que pese a los defectos que pueda contener, es la máxima combinación de verdad, justicia y reparación, obtenida luego de un largo y difícil proceso de negociaciones, la ciudadanía termine mayoritariamente aprobándolo. Para el caso actual, es lógico pensar que la mayoría de los sufragantes también asumirá que se trata de un acuerdo para el bien de todos, como parte del objetivo superior de la paz y la reconciliación.

Un rasgo importante que diferencia la campaña de entonces, con la actual, es que la de 1957 se vivió más como una motivación cívica, mientras que la de ahora, para una parte de la opinión, discurre como una puja política entre los partidos cercanos al Gobierno y la oposición, representada por el Centro Democrático. Sin embargo, si nada extraordinario ocurre, se tendrá que imponer la corriente de quienes vemos en el “Sí” algo positivo para el futuro del país.

Acojo para el caso, una frase del impactante artículo reciente del escritor y pensador William Ospina, para El Espectador, titulado ‘Al final’: “Y ahí sí estoy con Cristo: hasta las cosas más imperdonables tienen que ser perdonadas, a cambio de que la guerra de verdad se termine, y no sólo en los campos, los barrios y las cárceles, sino en las noticias, en los hogares y en los corazones”.

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