Escuela La Cabaña de Murillo, a 3 kilómetros del Nevado del Ruiz: población educativa en zona de riesgo

Crédito: Fotos. Suministradas / EL NUEVO DÍAInstitución Educativa
“En este momento nos aterra”, dice la profesora de los seis estudiantes de primaria sobre actividad del Ruiz.
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En por lo menos 29 escuelas rurales de los municipios de Murillo, Herveo, Villahermosa, Casabianca; entre docentes, estudiantes y padres de familias, hay reacciones distintas frente a la alerta naranja, el nivel de alerta de una posible erupción del Volcán Nevado del Ruiz. Ya se ha pasado por las alertas  verde y  amarilla y se espera que no llegue a nivel rojo.

Son establecimientos educativos ubicados en lugares de riesgo potencial para que ocurra este fenómeno natural sobre el cual se debe estar en guardia, porque puede ser peligroso.

 

¿Qué temores, miedos o indiferencia, sienten los docentes de tres escuelas de Murillo, ubicadas en alto riesgo volcánico?

“En este momento nos aterra, hay demasiada preocupación, aunque antes era normal encontrar cenizas del nevado. Uno se acostumbra y ello se ha vuelto natural en las 15 y 20 veces que hemos tenido una situación igual”, dice la docente Elicenia Casas Rocha, de la escuela o sede La Cabaña, de Murillo.

Elicenia, es una docente que ya completó 20 años de servicio educativo en esta escuela, ubicada a sólo tres kilómetros del cráter del volcán nevado, tiene título profesional de Licenciatura en Educación Física de la Universidad del Tolima y un posgrado, una especialización en Pedagogía Ambiental otorgado por la Universidad Popular del Cesar. 

“Ya me tienen que escriturar la escuela”, dice al referirse a la experiencia de laborar durante tanto tiempo en este establecimiento educativo, el más cercano al nevado.

Los techos de esta escuela son de eternit y en consecuencia son inapropiados para resistir la caída de ceniza si es intensa, o de trozos de material volcánico (piroclastos) en caso de que avanzara la actividad de este volcán, más grave aún si se produce una erupción con expulsión de lava que podría llegar hasta 10 kilómetros.

No se trata de una escuela de difícil acceso, dispone de carretera hacia Manizales, lo que facilita el tránsito de vehículos desde la zona urbana.

“Los seis estudiantes matriculados en diferentes grados de primaria, trabajan en mi casa y avisaron que se asignará un aula para continuar las actividades académicas. Los padres de familia han aceptado la evacuación, pero ellos van durante el día ‘ordeñan la vaquita’ y regresan a la zona urbana”, cuenta. 

La Cabaña hace parte de la Institución Educativa Técnica Lepanto de Murillo, de la cual es rector Jovan Mora Sierra.

 

Las escuelas en alto riesgo

Las tres escuelas rurales (sedes) catalogadas en alto riesgo en Murillo, que “corresponden al área que se vería potencialmente afectada por caída de piroclastos, corrientes de densidad piroclástica, flujos de lava, lahares, avalanchas de escombros y explosión lateral dirigida”, según el Servicio Geológico Colombiano, son La Cabaña, Alfombrales y Santa Bárbara.

Cabe recordar que, según la entidad, los flujos piroclásticos se pueden componer de: ceniza, escoria, ceniza y pómez, y bloques y ceniza.

Francisco Cañón Hernández, es el docente de Santa Bárbara, escuela que funciona con 10 estudiantes, ubicada a 12 kilómetros del cráter del Ruiz. Es natural de Murillo, Licenciado en Educación y Ética de Fundes, del municipio del Espinal. 

En Santa Bárbara ya completó 16 años y recuerda la experiencia de escuchar el ruido intenso que produjo la avalancha de la erupción del 13 de noviembre de 1985, que destruyó a Armero, en su paso por Murillo, hacia las 8:30 de aquella noche fatídica. 

“Eso fue bastante tenaz, aterrador el ruido, creía que nos íbamos por un hueco”, recuerda Cañón, quien para ese entonces tenía 14 años de edad.

“En la actualidad estamos en alerta naranja, pero la situación es diferente en cada persona. Uno ya sabe que la fumarola, que expele gases, no asusta y pocas veces nos acordamos que estamos en alerta naranja. Vivo tranquilo, estamos acostumbrados a eso.

“Estamos tranquilos y los padres de familia dicen que sólo se irían en caso de que se declare la alerta roja. Ellos dicen, y  lo digo yo. No le damos mucho espacio a los nervios. Ellos tienen listo el kit o bolso con los documentos, la linterna, el radio, el tapabocas, la botella de agua y el enlatado”, sostuvo. 

La Institución Educativa Técnica Lepanto con sede principal en la zona urbana, funciona con 471 estudiantes matriculados en el 2023, está integrada por la sede central y 16 rurales.

Su rector Jovan Mora Sierra, en relación con la realización de actividades de prevención de riesgo, ordenada por el Ministerio de Educación Nacional y la Secretaría de Educación departamental, informa sobre la formulación del Plan de Contingencia  y los cambios en el calendario académico de los planteles educativos.

“Hay mucha tranquilidad tanto en el plantel educativo como en la población en general. Acordamos una jornada de menor intensidad horaria para disponer de tiempo para realizar actividades de divulgación con los padres de familia”, afirmó.

 

Planes de gestión de riesgo

 

En el año 1985, cuando ocurrió la avalancha, que originada en el nevado del Ruiz, destruyó la ciudad de Armero, dejando como resultado la muerte de por lo menos 25.000 habitantes de esta ciudad del norte del Tolima, no existía una organización destinada a prevenir riesgos y desastres, tampoco los recursos tecnológicos con los cuales se cuenta a la fecha para monitorear la actividad del nevado y suministrar la información sobre el avance de la actividad volcánica.

En 1985, escasamente operaba en Ibagué el Cuerpo de Bomberos a cargo del sargento Atilano Salgado, desde luego la Cruz Roja, seccional Tolima. Pero, con motivo de la tragedia del Armero, surgió en la región una oficina de atención de riesgos y desastres.

El abogado Hugo Ernesto Zárrate, era el secretario de Educación departamental y a él le correspondió atender aspectos relacionados con la desaparición de los planteles educativos, los docentes y estudiantes desaparecidos de los colegios Fe y Alegría, Jiménez de Quesada y otros que funcionaban en Armero.

Con la colaboración de la “Cooperación Técnica Italiana, del Centro Experimental Piloto del Tolima, la Defensa Civil, el Grupo Ecológico de la Universidad del Tolima y otros organismos, se realizaron actividades de prevención de riesgos y de formación de docentes para atenderlos. ‘Evitemos los Desastres. Manual para Educadores’, fue uno de los documentos editados para cumplir esta función.

La Secretaría de Educación integró un Comité Técnico de Adecuación Curricular en Prevención de Riesgos y Atención de Desastres del que hicieron parte, entre otros, Alba Lucía Beltrán, Elizabeth Patricia Gallo, Jesús Antonio Rivera, Julia Cristina Rengifo, Luis Eduardo Chamorro Rodríguez y María Yolanda Jaramillo (1989, Gobernación del Tolima, Subcomité de Educación).

En el año 2023, la Secretaría de Educación del Tolima ha creado una unidad de Gestión de Riesgos orientada por la profesional Liliana Patricia Sánchez Tello, de la Dirección de Calidad. 

Este grupo actúa en convenio con el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Ibagué y la tarea es la de desarrollar planes escolares en gestión de riesgos en todos los planteles educativos de los 47 municipios. 

Por ahora se ha hecho una cobertura sobre 24 municipios e incluye actividades de prevención del riesgo latente del volcán Cerro Machín de Ibagué, el volcán más peligroso de Colombia.

Se realizan actividades de preparación de brigadas escolares  en primeros auxilios, evacuación  y rescate, en las instituciones educativas.

 

 

Por LUIS EDUARDO CHAMORRO RODRÍGUEZ

luiseduardochamorro10@gmail.com

Especial para El Nuevo Día                  

 

 

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