¡Feliz Día de la Madre!

Crédito: SUMINISTRADA - EL NUEVO DÍA
El amor de madre irradia un mundo mejor y da a los corazones de sus hijos cariño, solidaridad y paz. Hoy es un día para homenajearla.
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En el Día de la Madre, para homenajearla a cada una en el mundo, mujer, madre de hogar, educadora y formadora, trabajadora, incansable en la crianza de sus hijas e hijos; que con el hombre construyen la familia como institución, con plena conciencia y voluntad, conocedores de su esencia y de los ideales que están llamados a cumplir, basado en el más puro anhelo de bienestar en su hogar con amor, fraternidad y tolerancia.

Madres inigualables, discriminadas, madres solteras y cabezas de familia, madres profesionales, campesinas, maestras, científicas, analfabetas, afrodescendientes, obreras, artesanas, e indígenas; creadora de inmenso amor maternal y que de sus entrañas al procrear como portadora en su vientre, también nace la vida; su amor materno ha proyectado nobles y grandes ideales que también han beneficiado a la humanidad.

En cambio el egoísmo y la rivalidad, son fuentes de sufrimiento que nos impide comprender a nuestros seres queridos y a quienes viven a nuestro alrededor y destruye los más sagrados vínculos de sangre y la amistad. “Donde el amor se hace más grande y noble en la calamidad”. Lo señaló García Márquez en “El amor en los tiempos del cólera”.

Por ello en el conflicto armado que ha padecido la humanidad como otra pandemia peor que la que estamos viviendo, la diferencia es que el Covid-19 nos toca a todos, ricos y pobres por igual, y en la otra guerra los que padecen hambre, tristeza, miseria, desplazamiento, muerte son los pobres y sus hijos que van a combatir unos como miembros legítimos de la fuerza pública y los otros como insurgentes al margen de la ley, conflictos donde se violan sistemáticamente los derechos humanos y el derecho internacional humanitario y, hace que las madres entierren a sus hijos y como lo dijo el poeta Antonio Machado:

“La guerra es el crimen estúpido por excelencia,

el único que no puede alcanzar

el perdón de Dios ni de los hombres”.

“La guerra está contra la cultura, pues destruye todos los valores espirituales.”

“¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra odiada por las madres, las almas entigrece; mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra?

¿Quién sembrará la espiga que junto amarillece?”.

Se requiere dignificar a la mujer, madre y que las políticas públicas y globales, lleguen a las madres más desprotegidas y abandonadas y, ojalá se integren pactos sociales, entre los gobiernos y ellas, para que el desarrollo social las vincule como actores principales en los programas y estrategias de competitividad y empleo, el programa de alimentos y las campañas nutricionales en favor de la madre, del lactante tendrán que priorizarse, y mecanismos como centros integrados para la infancia deberán complementarse y extenderse con más eficiencia en ciudades y aldeas, son indispensables para que las madres vulnerables logren su realización individual y colectiva y sean partícipes del desarrollo social, cultural, económico, sostenible, y a la verdadera participación en democracia incluyente, igualitaria y con justicia social.

 

Y para estar con todas las Madres en su día este poema del poeta Alfredo Espino:

“Las manos de mi madre.

Manos las de mi madre, tan acariciadoras, tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.

¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,

las que todo prodigan y nada me reclaman!

¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,

me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

 

Para el ardor ingrato de recónditas penas,

no hay como la frescura de esas dos azucenas.

¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias

son dos milagros blancos apaciguando angustias!

Y cuando del destino me acosan las maldades,

son dos alas de paz sobre mis tempestades.

 

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,

porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.

Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;

¡Son las únicas manos que tienen corazón!

(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:

aprended de blancuras en las manos maternas).

 

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,

cuando tengo las alas de la ilusión caídas,

¡Las manos maternales aquí en mi pecho son

como dos alas quietas sobre mi corazón!

¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!

¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!”.

JORGE ANCÍZAR CABRERA REYES

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