El embrujo de la música tradicional Andina en el Tolima

Crédito: Suministrada por Vanessa Sáenz / EL NUEVO DÍAIntegrantes del dueto Camino Real conformado en el 2020.
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La magia de la melodía es percibida en tiples, guitarras e instrumentos de percusión que le dan vida a la música y hacen del Bambuco el ritmo insignia de la región Andina.
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A la música folclórica del Tolima resulta complejo datar una fecha, sin embargo, durante años, donde la luna y sus ciclos eran indicadores, la palabra cantada y los sonidos de la naturaleza, de índole mágico, se consideraron rituales.

Sin duda alguna, por la colonización, la música en el territorio no era como la que hoy se conoce, posiblemente era menos elaborada. Pero más adelante la guitarra, la flauta traversa, el tiple, el bombo, ‘Cucamba Sanjuanera’ entre otros instrumentos elaborados a mano, se convirtieron en indicadores melódicos que como gritos o susurros relatan hechos, atraviesan y armonizan plantaciones de arroz, cafetales, valles y montañas de la región. 

A pesar de la pérdida de documentos que podrían permitir una lectura más profunda de los orígenes musicales del Tolima; el maestro en música, arte y folclor, que durante varios años ha acompañado los procesos formativos de música tradicional a niños y jóvenes, Carlos Rodríguez, se suma a los que identifican en las tonadas tradicionales del territorio procedencias del mestizaje en su estructura rítmico-armónica.

Por ejemplo, hay una influencia africana por el aporte percutivo de los tambores, europea por su contribución desde las cuerdas y voces con la utilización del lenguaje y notación musical occidental estandarizado en la música, y un aporte indígena reflejado en las sonoridades de viento que emite la flauta traversa.

Independientemente del mestizaje, desde antaño el repique de los instrumentos de cuerda, aire y el tarantán de las tamboras, a tres cuartos, seis octavos o incluso a dos cuartos, producen encantamientos sonoros llamados Sanjuanero, Bambuco, Guabina, Pasillos, Rajaleñas y un ritmo particular que tiene origen en la comunidad Pijao como la Caña, que se convirtió en un aire propio del territorio.

 “La música colombiana son historias contadas en melodía”, Vanessa Sáenz

Bajo los avances de la sociedad, la música ha estado inmiscuida en este proceso, por tanto, como toda historia que tiene su giro, las interpretaciones tradicionales les dan espacio a nuevas expresiones, donde otros instrumentos, otros ritmos y jóvenes, contribuyen a que perdure parte de la historia que como indicó la artista Vanessa Sáenz, se narra en melodías.

Las ondas sonoras que circularon por el ambiente, la influencia de la casa, los paisajes inspiradores y el atractivo de los instrumentos, hechizaron a muchos artistas que, de forma empírica y desde las diferentes actividades para hacer música, fueron educando su oído e integrando los ritmos y las marcaciones temporales en manos, pies y elemento sonoro para dar vida a exponentes de la música tradicional Andina en los diferentes escenarios.

“Hoy tenemos a favor aportes tecnológicos y académicos que permiten sistematizar estas músicas propias e incluso como estrategia de preservación, ya que por su naturaleza empírica han ido desapareciendo en el tiempo es nuestra labor como agentes musicales del territorio llevar este tipo de prácticas y ejercicios para garantizar su vigencia”, dijo Carlos Rodríguez.

Así pues, existe vigencia en las interpretaciones por los procesos de formación en semilleros y la gran variedad de repertorios que hicieron grandes a duetos, como artistas por canciones que se quedaron en la memoria y enriquecen los auditorios, donde cada vez hay más cabida a esas expresiones sonoras que independientemente de no ser interpretadas como se conoce, guardan tradición y la replican.

Por tanto, un exponente integrado por dos instrumentos, dos voces engalanan a Camino Real, el dueto en el que maestros de música folclórica del Tolima como Vanessa Sáenz Ríos, la primera voz; Heidy Mayerli Castro, segunda voz, con la compañía de Miller Andrés Salazar, quien es pianista y Jesús Castro en la flauta.

Para dar vida a embrujos sonoros compuestos por una gran base de tradición cultural y ‘chorritos’ de la auténtica armonía que emiten la flauta, el piano y el tiple, en torno a todos los matices y sonoridades, que les ha permitido divulgar las tradiciones de su cultura después de participar en múltiples festivales para este 2022, al igual que el dueto Luar, serán las representaciones ‘Pijao’ que llegan a la 48° edición del Festival Folclórico Colombiano Mono Núñez, declarado patrimonio cultural de la Nación que fomenta los intercambios culturales que congregan a compositores e intérpretes que son orgullosamente exponentes de la música Andina. 

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Redacción Cultural / EL NUEVO DÍA

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