La Virgen María custodia a los ibaguereños

Crédito: ANTONIO GUZMÁN OLIVEROS / ARCHIVO / EL NUEVO DÍALa escultura que desde 1999 está en el pedestal de la torre en Pan de Azúcar.
Han pasado más de 20 años desde que el artista Olmer Rojas esculpió la imagen de María y el Niño Jesús, y cuenta las anécdotas durante y después de la elaboración de la ‘patrona’ de Ibagué.
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La imagen de la Virgen María, que durante décadas custodia a los ibaguereños desde el cerro Pan de Azúcar, tuvo una serie de inconvenientes para volver a su pedestal, luego de tener que construirse una nueva tras un temblor que tumbó la primera que se erigió.

EL NUEVO DÍA fue testigo a mediados de la década de los 90, de todo lo acontecido con la negociación, construcción, demandas, transporte y ascenso de la imagen a su lugar; un pleito que duró meses y que para los católicos, tuvo un final feliz.

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Máquina del tiempo

La primera Virgen fue puesta sobre 1953, según lo reseñado, Heriberto Upegui fungía como presidente de Junta de Acción Comunal del barrio 20 de Julio y con su devoción, se dedicó a consagrar el cerro con la imagen.

Para la construcción de la torre, acudió a las escuelas y con permiso de la Secretaría de Educación solicitó que cada estudiante llevara un ladrillo y de esta manera se reunieron los materiales.

Esta Casa Editorial también recordó que el seminarista Alfonso Gaitán Orjuela dedicó parte de su tiempo para ver la efigie en el cerro, y consiguió dinero para que en Medellín la elaboraran.      

Y aunque soportó vendavales y hasta la caída de un rayo que le cercenó la cabeza y tuvo que ser reconstruida, su destrucción total ocurrió el lunes 6 de junio de 1994 a las 3:47 de la tarde, tras un sismo de 6 grados en la escala de Richter, con epicentro en Toribío (Cauca).

Treinta segundos bastaron para que la estatua cayera y se partiera en varios trozos. La torre de la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ubicada en el barrio Belén, también se desplomó ese día.

Luego de que la tierra dejó de moverse, y las miradas se dirigieron a Pan de Azúcar, la tristeza embargó a los habitantes de los barrios 7 de Agosto, 20 de Julio, Ancón, San Diego, Belén y circunvecinos, pues su Virgen ya no estaba.

El viernes 15 de septiembre de 1995 fue subida una nueva escultura, esta fue traída desde Medellín por monseñor Alberto de Jesús Sánchez, quien durante sus estudios en el Seminario estuvo coincidencialmente involucrado con la primera Virgen. Esta medía dos metros y medio de altura.

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Problemas legales

Antes de ser puesta la segunda imagen, se había realizado una convocatoria entre varios artistas para que modelaran la escultura de María y el Niño Jesús, esta fue ganada por el tolimense Olmer Rojas y negoció con el padre Sánchez.

Cuenta el artista, que él había indicado que la idea era modelar la obra directamente sobre la torre; por supuesto, se incrementaría un poco el monto económico, a lo que el sacerdote le habría respondido que no, pues él tenía un piloto militar que le ayudaría a subir la imagen.

Rojas empezó a trabajar en su taller, en el barrio La Floresta, y allí terminó la gran mole de cuatro metros y medio y casi cuatro toneladas de peso, pues fue hecha en concreto fundido modelado y se cubrió con pintura blanca.

“El problema llegó porque el traslado de la Virgen no se cumplió, la promesa del militar no se realizó, porque al final le cobraban una millonada y aunque llamé varias veces a Monseñor para entregarle la escultura, llegó el momento en que no me volvió a contestar.

“Demandé, pues todavía me adeudaban dinero y había un contrato, la Virgen duró en la calle 60A por lo menos cuatro años, quedó en toda la mitad y se convirtió el sitio en punto de oración; incluso en diciembre los vecinos la adoraban, para el Día de la Virgen oraban alrededor de ella.

“Tengo muchas anécdotas porque vivía en ese tiempo en el segundo piso. Escuché hasta promesas de amor frente a la Virgen, oraciones a la madrugada, y hasta recuerdo un día en que venían dos borrachos y una lámpara generó un destello de luz y se asustaron los amigos”, narra Rojas. 

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En su pedestal

Durante todo 1999, y desde esta rotativa se publicó lo que sucedía con la imagen, el escultor, la iglesia y los feligreses; pues si bien, había una nueva imagen, esta no se divisaba desde ciertos sectores de la ciudad debido a su tamaño. Incluso la imagen se puso en venta o permuta.

“El padre Javier Arango (q.e.p.d.) me contactó, y en negociaciones con el abogado tuve autonomía para cederla y apoyar la causa de montarla en el cerro. Incluso antes de esto, se intentó subir en una grúa pero aunque indiqué la manera en que debían montarla al automotor, que en vez de encadenarla le pusieran reatas, no me hicieron caso y le dañaron.

Cuando al fin se pudo llevar la imagen hasta la antigua sede de la Sexta Brigada (hoy Quinta División), se realizó un intento para subirla hasta la torre, pero el helicóptero MI-17 no pudo ni siquiera levantarla.

En marzo de 1999, el escultor fracturó la estatua por la mitad para subirla en dos viajes, el 21 de mayo a las 3:30 p.m., fue acomodada la primera parte y el 12 de octubre se subió la otra mitad.

“Hubo problemas por los choques de aire y el proceso final fue por medio de malacates y con personal de empresas públicas. Finalmente subí a la torre para restaurarla y mimetizar la zona fracturada”, puntualizó Rojas.

 

El árbol de Navidad

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A mediados de los 90 y cuando también se construyeron las escaleras, una a la entrada por Malabar y la otra por el 7 de Agosto, se instaló una estructura metálica que en diciembre era alumbrada con bombillos. Los ciudadanos recuerdan este arbolito, pues daba alegría y aumentaba el turismo en las noches. 

 

Destacado

El periodista y abogado Armando Monroy Castro (q.e.p.d.), puso una urna para captar el dinero de los feligreses y, don Tito, dueño del almacén El Cáliz, donó una Virgen de 40 centímetros y así se generó confianza entre los ciudadanos. De esta colecta se consiguieron un millón 995 mil pesos de la época.

 

Dato

Los habitantes denuncian aumento de jóvenes que suben a consumir sustancias alucinógenas, por lo que esperan que las autoridades recuperen este espacio; además, de realizar una poda a los árboles de la parte alta, pues se perdió el sitio como un mirador de Ibagué.

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ANTONIO GUZMÁN OLIVEROS

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