Las Pérez: La casa de los grandes recuerdos

Crédito: Archivo / EL NUEVO DÍAApreciadas por la sociedad ibaguereña, Las Pérez y su casona forman parte de 85 años de historias y recuerdos. En primer plano Isabel Maruja la hermana mayor y Helena. La calidad de sus viandas y el afecto con el cual tratan a sus visitantes, son casi una leyenda.
Las Pérez fueron muy recordadas por la sociedad ibaguereña; la casona ya no existe, pues fue demolida para construir la avenida Ambalá. EL NUEVO DÍA reescribe esa historia de la Ibagué antigua y recordada.
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Un mes antes de morir, el carismático Adrián Tribín las visitó por última vez. Entró al salón principal, se abrazó a una de las columnas de roble y le dijo a Marujita lleno de sentimiento y nostalgia. “Si estas paredes hablaran, cuántas historias contarían...”.

Y si estas paredes que están a punto de ser demolidas para darle paso a la construcción de la avenida Ambalá hablaran, se conocerían los secretos, pactos y decisiones que ‘godos’ y liberales tomaron por separado durante largas, acaloradas y comprometedoras reuniones vespertinas.

También se develarían las palabras amorosas, con las cuales se fraguaron mil y un romances de gran cantidad de ibaguereños de la ‘vieja guardia’.

Entre sus muros de tapia pisada, se atesoran discursos de los presidentes Laureano Gómez, Rojas Pinilla, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo, quienes después de su visita de rigor a la familia Vila en la hacienda El Vergel, se reunían con sus copartidarios y amigos en casa de ‘Las Pérez’. Además de los presidentes de la República, a la ‘casa de los grandes recuerdos’ acudían los fines de semana, las familias ibaguereños de antaño, para recrearse en sus jardines, jugar en el llanito y, por supuesto, pasar a manteles para deleitarse con el mejor sancocho de gallina criolla, la más exquisita lechona, los humeantes tamales, las sabrosas picadas cuatro carnes y las inigualables y bien sazonadas génovas, longanizas y rellenas.

Ya en el reposo de la tarde, comenzaba a salir el bizcochuelo batido, las achiras, el bizcocho de manteca, las carmelitas y cucas, acompañado todo ello con chocolate batido o con avena helada, masato de arroz, guarapo con piña y chicha de arracacha fermentada en olla de barro.

Para el regreso se llevaban las panelitas de coco, guayaba y los espejuelos... esas eran las más suculentas viandas campestres de mediados de siglo en Ibagué, recuerda una asidua visitante del lugar. Aún se puede saborear varias de esas delicias, quién sabe por cuánto tiempo más, poco eso sí, pues el acoso del desarrollo no solo derribará esta casona llena de historia, sino que enterrará las recetas de los amasijos más tradicionales de Ibagué, pues de la tercera generación de Isidoro Pérez Bonilla y Rosa Helena Rodríguez, ninguno ha querido aprender los secretos de los panderos y el horneado.

 

Comienzos de herradura

María del Carmen, más conocida como Maruja y la mayor de las hermanas Pérez (Beatriz -fallecida en 1996, Isabel y Helena, recuerda que su padre adquirió una serie de predios en este sector de Ambalá, hacia 1911, año en que ella nació.

En lo que hoy es la vía, anteriormente era un camino de herradura, y su casa el punto de llegada y partida de las muladas que bajaban las cosechas desde la cordillera.

“Aquí se bañaban y cambiaban los viajeros que venían del norte del Tolima, a quienes se les facilitaban bestias frescas para que llegaran hasta Ibagué. Sus animales se quedaban pastando en los potreros de atrás de la casa”, rememora Maruja.

Esa condición de fonda caminera de los años 20, hizo que Rosa Helena de Pérez tomara la iniciativa de preparar alimentos, a los que pronto le sumó todo el arte de los amasijos, aprendido de su madre María Antonia Céspedes.

Por su parte, Isidoro Pérez sembraba café, caña de azúcar, cacao y madroños, entre otros productos, a la vez que comenzó a producir panela, teja de barro, ladrillos y engordar ganado.

En los años 30 y 40, las monjitas de La Presentación llevaban a las alumnas a bañarse a la quebrada Chipalo, que serpenteaba cristalina y pura en la parte trasera de la casa. Luego del baño, Sara Helena les ofrecía lo mejor de su repertorio.

Igualmente, en esta casa vivieron los misioneros que predicaban en las montañas aledañas. Durante varios 16 de julio, partió de la casa de las Pérez, la procesión de la Virgen del Carmen.

En salones de la casona se realizaron las fiestas de bautizo, primera comunión y matrimonio más grandes de la época.

Hacia mediados de los años 40, le correspondió a Joaquín Buenaventura construir la carretera que comunicó a Ibagué con El Salado, dándole pasó a los ‘carriolos’ una especie de chivas para uso de pasajeros y carga.

La novedad de la vía hizo que Isidoro Pérez incursionara en el negocio del transporte, fue así como adquirió el primer bus que hizo el trayecto: Plaza de Bolívar – Ambalá - Plaza de Bolívar, servicio que le facilitó a las niñas Pérez, ir a cine al Teatro Lamus en Ibagué.

 

Recuerdos... gente linda

En lo fino de la violencia, recuerda Isabel, se nos apareció un grupo de ‘godos’ armados y nos hicieron bajar un cuadro enorme que teníamos del Sagrado Corazón de Jesús, y en su lugar colgamos un retrato de Laureano Gómez.

Pero igual se aparecían los liberales, pedían tabaco, aguardiente, velas y comida. Cuando se les preguntaba, y esto ¿quién lo paga?, se limitaban a poner un revólver encima del mostrador y decían: Él paga...

De la violencia, lo único bueno que se puede recordar es a las familias vecinas, entre ellas los Méndez, Saavedra, Parra, Trujillo, Rugeles, Olaya, Cediel, y Vila, éramos pocos los habitantes de Ambalá, dice Isabel.

Desde los años 50 hizo costumbre en Ibagué, que luego de la fiesta de Reyes, en el Círculo, las parejas se iban donde las Pérez a desenguayabar con caldo de gallina, tamales y fritos de marrano. Por eso no era difícil encontrar gente vestida de smoking y traje largo, lo mismo que disfrazadas y con ojos dolorosos.

Los sanjuanes en la casona Pérez son de imborrable historia, lo mismo que las tertulias musicales a cargo de ‘Matoño’ Bonilla, Luis Eduardo Vargas, el maestro Viña Calderón, Pedro J. Ramos y Manolo Montealegre, entre otros.

Con especial cariño, las Pérez recuerdan a los integrantes de la ‘Piscarria’, un grupo de apuestos muchachos que hizo ‘temblar’ a Ibagué. El noviero por excelencia fue Eduardo Polanco Santos, al punto que le tocó casarse a la una de la mañana para evitar ser descubierto por la rivales, dice Maruja.

...Ayy, si estas paredes hablaran, contarían que el salón central sirvió de gallera y durante un mes como escenario de circo, también hizo las veces de pasarela para reinados de belleza, pero ante todo, la casona de Las Pérez ha sido el lugar donde ha confluido la política, la diversión, la gastronomía, la solidaridad, la familia, la discreción y la historia, en resumen: La casa de los grandes recuerdos.

 

CARLOS BLANCO BOTERO

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