De vender tamales a tener una pizzería que factura 10 mil millones al año

Crédito: Tomada de Internet / El Nuevo Día
A los 12 años, Rafael Mendoza vendía tamales con su vecina Ernestina de Gómez. Ahora es propietario de Zirus Pizza, con presencia en 7 ciudades y 14 locales.
PUBLICIDAD

“Comencé limpiando las hojas, luego también rellené los pavos, me tocaba moler el maíz y mis manos quedaban casi sangrando de lo que me tocaba echar todo ese maíz a la máquina para molerlo, pero ahí me hacía tamales y a la gente le gustaba”, le contó Rafael a varios medios de comunicación nacionales.

Cuando su padre falleció, la familia tuvo una situación económica complicada, lo cual obligó a qué, siendo apenas un niño, buscara trabajo para aportar con el sustento de su casa.

Ese primer trabajo ayudar en la fabricación y venta de tamales.

Luego de ellos pasó a trabajar como ayudantes en pizzería de Bucaramanga. Así se pagó su universidad.

 

“Antes la profesión de cocina no era valorada, entonces mi mamá me decía que no me dedicara a eso y yo no renunciaba a mi sueño, yo estudiaba entre semana y trabajaba en cocina los fines de semana. Yo llegaba untado de masa y lleno de harina a estudiar en la universidad”, le contó al periódico El Tiempo.

Tras varios años de arduo trabajo, logró comprarle la pizzería a uno de sus empleadores. Ahí comenzó a crecer como empresario.

“Vendíamos la pizza en 80 pesos y los panzerottis en 230 pesos. Comenzamos con los sabores tradicionales, hawaiana, pollo con champiñones, mariscos y teníamos una tocineta con ciruela que a la gente le gustaba mucho. El negocio comenzó a dar como a los seis meses, pero justo ahí fui víctima de una guerra de carteles del narcotráfico”, relata Mendoza.

Cuando ya había comenzado a despegar su negocio, le pusieron una bomba en medio de la guerra del narcotráfico de los años 80: “Era un panorama desolador, el horno estaba torcido, era pura ceniza en todo lado, pudimos salvar algunas cositas, como dos sillas que aún tengo guardadas en la finca”, agregó.

Volvió a comenzar, esta vez en una carpa, y desde entonces no ha dejado de crecer.

Redacción Ibagué

Comentarios