El amor y tesón de Flor Bonilla que sostienen la Escuela El Salto

Crédito: Suministrada / EL NUEVO DÍA
De raíces campesinas y trabajadoras es Flor María Bonilla, quien ha logrado con berraquera que varias generaciones se preparen en educación básica desde hace 14 años.
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Para los niños de las zonas rurales del país acceder a la educación es un gran reto que en muchos casos es casi imposible, sobre todo para quienes viven en los lugares más alejados como sucede con los que habitan la montaña y, especialmente, los alrededores del Nevado del Tolima.

Por este motivo, desde hace 14 años que Flor María Bonilla sin dudarlo decidió asumir por puro amor la responsabilidad de encargarse de la Escuela El Salto y así brindarles un espacio a los pequeños para que puedan prepararse académicamente.

De esta manera, los niños del páramo tienen la posibilidad de estudiar desde preescolar hasta noveno en la Escuela, que también funciona como internado debido a la lejanía en que viven los estudiantes.

La señora Flor se encarga de prepararles la alimentación y mantener las instalaciones aseadas y organizadas para que tanto la docente como los estudiantes puedan llevar a cabo sus actividades.

Esto lo hace sin recibir ningún pago por su labor, su compromiso por garantizarles la educación a los niños que ve crecer ha sido su gratificación.

“Mi motivación es que los niños del páramo se eduquen, salgan adelante y tengan un mejor futuro”, comentó Flor.

 

Su vida en El Salto

Llegó a la Escuela después de que los dueños del predio, donde está la Institución, fallecieran.

Los propietarios decidieron donar el terreno para la Escuela y con el liderazgo de la docente Rosalba Hernández, se fundó.

En ese momento Flor y su familia llegaron a acompañar a la docente, después de que ella les hiciera la solicitud. Sin pensarlo asumió esta misión que se ha convertido en su proyecto de vida. 

Sus hijos Javier Herminson, Neison y Yeiner Parra Bonilla, también se prepararon en El Salto. 

La labor titánica de su madre persiste, y es a la que se seguirá entregando por muchos años más.

“Lo más bonito es la paz y la tranquilidad que disfrutamos con los niños”.
 

El sostenimiento

Con una mensualidad de $60 mil que paga cada uno de los padres de familia, ayudas que brindan los turistas que visitan el lugar y la venta de queso que hacen con la leche de las vacas que tienen, doña Flor y su esposo, Jorge Luis Parra, logran sacar a flote el plantel.

“Nosotros tenemos unas vaquitas entonces las ordeñamos, sacamos el queso y bajamos a venderlo a Juntas cada 15 días, de ahí compramos los alimentos. Lo de la salud y todo nos toca de nuestro bolsillo”, contó.

Además, cada vez que sale de la Escuela paga vigilancia para que los equipos de la Institución no sean robados.

Todo esto ha sido con la entrega y carisma que la caracterizan, pues no recibe apoyo económico por parte de los entes gubernamentales.

Sin embargo, esto no logra apagar sus ganas por ver que los niños de su territorio crezcan y puedan alcanzar sus sueños. Flor es sinónimo de solidaridad, empatía y heroísmo.

Generales

 

 

Doña flor es montaña, es páramo, ¡es Dulima!

 

Escrito por: Carolina Pérez. 

 

Recuerdo con mucha gracia el día que un turista le dijo luego de tomar agua de panela caliente: ¡Gracias, señora Frailejona! Los que estábamos allí sonreímos con tal expresión. Porque claro que sí le han cambiado su nombre muchas veces: que azucena, que rosa, que girasol jeje …Pero luego con calma comprendimos que el lo dijo por qué así la siente uno a ella, como una flor más de ese lugar tan mágico como lo es la montaña Dulima

Doña flor es oriunda de Herrera – Tolima, madre de tres hijos varones, compañera de don Jorge un campesino fuerte, honesto y trabajador.  En la escuela el salto lleva más de 12 años viviendo con su familia, allí llegó por azares de la vida, la maestra en aquella época necesitaba apoyo y compañía, en aquel lugar tan lejano. Desde aquella fecha y en el transcurso de todos esos años poco a poco la carga ha sido cada vez más pesada: En la escuelita que por cierto es un internado, se ha desempeñado de tiempo completo como aseadora, cocinera, vigilante, lavandera, enfermera, cuidadora y toda responsabilidad que exista en aquel lugar. A cambio solo recibe el amor de todos los estudiantes, niños y niñas que por allí han pasado año tras año, igualmente sin rendirse nunca frente a su propia vida como mujer, madre, abuela y esposa, ofrece a los turistas comidita caliente y refugio en medio de las condiciones climáticas del lugar.

Es una mujer tranquila, que le gusta escuchar las historias de quienes transitan las rutas, actualmente se esfuerza por aprender el inglés para poder hablarle “a mis Turís” como suele decir cariñosamente. En ella muchos de nosotros hemos encontrado el abrigo no solo físicamente sino el abrigo del alma, de las difíciles pruebas de la vida.

 Sus días comienzan muy temprano: cocina para todos, ayuda en el ordeño, ayuda a preparar el queso, arregla el espacio, ayuda a su esposo en todas las demás labores propias del campo. Prácticamente es la columna vertebral de aquel lugar.

Particularmente le fascina tomarle fotos al nevado, sin embargo, nunca había conocido la nieve, y como magia propia de la vida hace un tiempo fue invitada por un grupo de mujeres de montaña a realizar el ascenso a la cumbre del Nevado del Tolima, y si, allí estuvo. Como muestra de la mujer tolimense guerrera y luchadora.

Sin duda alguna ella es un ejemplo para todes, ella representa la misma fuerza natural que tiene la montaña Dulima. Ella inspira y promueve el amor de unos por los otros. En ella habita la tranquilidad del viento, el calor del fuego, la transparencia del agua y la fortaleza de la tierra.

Ella es Guardiana de la montaña, ella es mujer Dulima.

Redacción Generales

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