Crimen y castigo

INTERNET - EL NUEVO DÍA
La castración química como castigo impuesto es objeto de debate en todo el mundo. Si bien se habla de que su uso puede ser efectivo, también es controversial, pues sus detractores opinan que es una práctica que viola los derechos humanos.

La denominada castración química, que consiste en quitarle el impulso sexual a los violadores de niños o pederastas reincidentes, ha abierto un debate sobre su verdadera conveniencia y, ha planteado preguntas incómodas en torno a su real efectividad.

Hay quienes se preguntan si la castración química es una solución mediática para que la sociedad crea que se está actuando duro contra los criminales, pero en el fondo, no está logrando la disuasión del delito.

Sus críticos además señalan, que viola los derechos humanos, que son la base de cualquier sociedad democrática civilizada.

Este mes Ucrania se convirtió en el último país a nivel mundial en aprobar que los pedófilos sean castrados químicamente. La legislación se aplicará a los hombres entre 18 y 65 años de edad que hayan sido declarados culpables de violar o abusar sexualmente de menores de edad.

Pero Ucrania no es el único donde se aplica este tipo de medidas mediante las cuales un delincuente recibe un tratamiento con una serie de fármacos que buscan reducir sus niveles de testosterona e inhibir el deseo sexual.

En 2009, Polonia se convirtió en el primer país de la Unión Europea en legislar sobre el tema, tras aprobar una enmienda al Código Penal por la que se permitió la castración química para los pederastas.

Dos años después, Rusia aprobó una ley en que se establece que los hallados culpables de cometer crímenes sexuales contra menores de 14 años, enfrentarán la castración química y los reincidentes la cadena perpetua.

En 2012, Moldavia y Estonia, territorios de la antigua Unión Soviética, se sumaron a los estados en aprobar la castración química obligatoria para aquellos que hayan cometido abusos sexuales contra niños.

Un año después lo hizo Corea del Sur, país asiático donde está permitido el uso del tratamiento hormonal para los condenados por pederastia mayores de 19 años de edad que son proclives a reincidir.

En otros países como España, Bélgica, Alemania, Dinamarca, Suecia, Australia, Nueva Zelanda, Israel, Reino Unido y Francia, la castración química es voluntaria con el fin de prevenir que los internos reincidan cuando abandonan la cárcel.

En Estados Unidos, California fue el primero de los 50 estados en aprobar en 1996 la castración química para pederastas. Le siguieron Florida, Georgia, Iowa, Luisiana, Montana, Oregón, Texas, Wisconsin y por último, Alabama. Además, en ese país, los condenados a prisión y su nombre se incluyen en un registro de violadores y pederastas, aunque cada estado tiene su normativa.

En América Latina, solo Argentina, Perú, Chile y Colombia han avalado la castración química, la cual se ofrece de manera voluntaria a criminales sexuales.

De hecho, Colombia tiene uno de los códigos penales más severos del continente para castigar la violación contra menores de edad.

Sin embargo, hay países que han optado por medidas más severas y penas más duras para castigar a los pedófilos.

En Indonesia, China, Corea del Norte, Afganistán e India, se castiga con la pena de muerte a los abusadores de niños. Por ejemplo, en Corea del Norte se aplica el método del fusilamiento, mientras que en Afganistán reciben un disparo en la cabeza o son ahorcados.

Frente al tema, Hugo Guerrero, docente investigador de la Universidad de La Salle, considera que la castración química como mecanismo de disuasión o prevención en caso de violación de menores o de prevención del delito de manera amplia, “es un debate que tiene bastantes falacias y contradicciones”.

A su juicio, se trata de un “reclamo de la sociedad en la que por argumentos emocionales y viscerales consideran el derecho de un campo de acción, no de la justicia sino de la venganza, de ver vulnerada de alguna manera la dignidad del delincuente como forma de equiparar el daño causado”.

A partir de una perspectiva política criminal amplia, Guerrero señala que es importante observar qué tan viable es la aplicación de estas medidas.

Según él, desde el punto de vista de eficacia o efectividad de la pena, “está claramente comprobado que el problema de la violación no es un tema falocéntrico sino del orden mental”.

Por lo tanto, aclara que “la castración física o química no impediría que este delincuente pudiera seguir teniendo los impulsos que llevaron a la comisión del delito”.

En resumen, la castración más allá de generar una sensación de venganza en la sociedad, no implica realmente la posibilidad de que esta persona pudiera dejar de convertirse en una amenaza para la comisión reiterada de este tipo de conductas, concluye el investigador.

 

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En 1996, el sexólogo John Money fue el primer estadounidense en aplicar la castración química para pacientes con impulsos pedófilos.

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Algunos estudios indican que si la castración química es acompañada por el tratamiento sicológico, se reduce la tasa de reincidencia.

ÁNGELA CASTRO ARIZA

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