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INTERNET - EL NUEVO DÍA
La rebelión en las calles es cada vez mayor en Hong Kong, donde ya se cumplen nueve semanas de protestas. Los manifestantes prodemocráticos se niegan a ser un territorio teledirigido por China.

A medida que pasan los días, el conflicto que sacude a Hong Kong adquiere peores dimensiones: protestas que se tornan violentas, brutalidad policial, vandalismo, parálisis del aeropuerto, suspensión de miles de vuelos, detenciones masivas y acusaciones a China de intromisión extranjera en la antigua colonia británica.

Las manifestaciones, que iniciaron con la oposición a un controvertido proyecto de ley de extradición que autorizaba las extradiciones a la China continental, ahora suspendido, han evolucionado hasta convertirse en una crisis sin precedentes, desde que el Reino Unido traspasara la soberanía de la antigua colonia a China en 1997.

Los manifestantes, quienes ahora piden la renuncia de la jefa del Ejecutivo hongkonés, Carrie Lam, quien se niega a dar su brazo a torcer y tildada de ser una “marioneta” de Pekín, también demandan mejoras en los mecanismos democráticos en la isla.

Conforme aumenta la agitación social con continuos brotes de violencia y huelgas que han alterado el orden público de Hong Kong, la paciencia de China tal parece que está llegando al límite y el peor de los escenarios se vislumbra: una intervención militar.

Pero la posibilidad de una respuesta militar de Pekín es demasiado grande y podría, inclusive, empeorar la crisis en la región administrativa especial, e incluso, generar mayor resistencia de los protestantes antigubernamentales que reclaman más democracia y mayor autonomía respecto a China.

Incluso, la ONU y varios países ya han salido a pedir calma y contención, tras las denuncias del uso desproporcionado de la fuerza contra los manifestantes del mayor centro financiero asiático.

Víctor De Currea-Lugo, analista político, periodista y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, recuerda que Hong Kong hace parte de China, pero tiene un sistema diferente, con su propio régimen económico y político, “funciona como un puerto franco donde hay una economía capitalista diferente al resto del China”.

Es decir, maneja el concepto de “un país, dos sistemas” en vigor desde 1997. Un sistema que ha permitido que la ciudad mantenga su independencia judicial, su propia legislatura, sistema económico y la moneda, el dólar de Hong Kong.

Asimismo sus 7,3 millones de habitantes gozan de la protección de ciertos derechos, incluyendo la libertad de expresión y de reunión, libertades civiles a diferencia de los residentes en China Continental.

Sin embargo, el descontento general ha ido creciendo ante la falta de progreso hacia el sufragio universal y debido a otros problemas relacionados con el Gobierno Central chino y el Gobierno local.

De Currea-Lugo explica que ese modelo de gobierno ha llevado a que Hong Kong tenga unas pretensiones independentistas y las marchas reiteradas que se han dado en los últimos años apuntan a afianzar esa reivindicación soberana.

 

Control autoritario

Si bien China se comprometió con el Reino Unido a mantener las instituciones de Hong Kong, en lo que llamó “un país, dos sistemas”, rápidamente ha acrecentado el control autoritario, apunta en ese sentido Mauricio Reyes, profesor de Facultad de Derecho de Ciencias Políticas y Sociales Universidad Nacional de Colombia.

En ese orden de ideas, recuerda que los honkoneses han resistido desde la famosa “Marcha de los Paraguas” en 2014. Ese año, las demandas de una parte de la población de un sistema electoral democrático se materializaron en protestas juveniles.

“Ahora China juega a interponer el principio de soberanía con los propios británicos para tomar un control autoritario, igual al del continente”, dice Reyes.

Otro elemento a tener en cuenta, es el importante efecto político de la crisis de Hong Kong en Taiwán.

Sobre el particular, Reyes asegura que “Taiwán toma nota y acrecienta su vocación independentista y progresivamente se desliga de ser reconocida como la República Popular China”.

Lo más probable, advierte, es un aumento de las detenciones selectivas y reconoce que es impredecible lo que pueda pasar, aunque subraya que “un acto de fuerza, manda al mundo el mensaje de soberanía total, aunque por la coyuntura con Estados Unidos por la guerra comercial es posible que el gobierno chino de Xi Jinping prefiera un bajo perfil”.

Se refiere, además, a que las acusaciones de Pekín de interferencia estadounidense en Hong Kong, son una excusa para incentivar el nacionalismo en el continente.

En cuanto a la situación de la gobernadora Carrie Lam, Benjamín Herrera, profesor de la Universidad Javeriana y experto en Asia, considera que está al borde del abismo, al no haber encontrado los medios de control de las protestas su relevancia queda en entredicho.

Del mismo modo, asegura que el recurso de las fuerzas militares frente a la coyuntura hongkonesa, sería visto como un rechazo tajante a la doctrina de “un país, dos sistemas”, base del reintegro de Hong Kong y a la soberanía china. Adicional, opina que implicaría un fortalecimiento de quienes consideran que Taiwán debería declarar unilateralmente la independencia.

 

Dato

Hong Kong, situado en Asia Oriental, posee un sistema político que, a diferencia de China, incorpora la separación de poderes.

 

Dato

Taiwán ha sido independiente de facto de China continental desde el final de la guerra civil del país en 1949, pero Pekín considera a la isla una provincia separatista.

ÁNGELA CASTRO ARIZA

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