El Ecuador cada vez más caliente

El país andino ha llegado a un punto de quiebre, en medio de un estado de excepción, para contener las violentas protestas que amenazan al gobierno de Lenín Moreno.

Ecuador arde. Desde hace una semana el país andino ha sido escenario de movilizaciones y protestas que han desembocado en violentos enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas del orden.

La tensión aumenta a medida que pasan los días, especialmente ahora que el movimiento indígena, que estuvo tras el derrocamiento popular de tres gobiernos entre 1997 y 2005, se sumó a las protestas e hizo sentir su fuerza esta semana en Quito.

Si bien el detonante fueron las decisiones en materia económica adoptadas por el gobierno de Lenín Moreno, especialmente la eliminación de los subsidios a los combustibles, la crisis se desarrolla en un contexto de déficit fiscal de años y ha subido de tono con acusaciones golpistas y convocatoria a elecciones anticipadas.

En este momento el problema es la radicalización de las posiciones.

La periodista ecuatoriana Vannesa Toscano advierte que la situación es alarmante porque las protestas se han salido de control y han desencadenado actos violentos y saqueos.

Incluso, afirma que el Centro Histórico de Quito está hecho pedazos y los bloqueos impiden el trabajo. “Se suponía que hoy (ayer) iba a volver todo a la normalidad, pero hubo altercados en la noche entre indígenas y Policía, ya se alteró todo”, comenta Toscano, quien vive en la capital ecuatoriana.

En su opinión, el presidente Moreno no tenía otra opción con respecto a las medidas económicas.

“Recibió un país quebrado, por eso se metió el Gobierno con el FMI, no hay empleo, los índices son bajos de empleo formal... a todos nos va a tocar ajustarnos, si no se toman las medidas podemos perder la dolarización”, explica Toscano.

Además, asegura que del tema del retiro de subsidios se venía hablando hace años en el país y “a Moreno le tocó y le cuesta la popularidad, pero él no tiene nada qué perder”.

Aunque reconoce que el país está muy polarizado a favor, e incluso se habla de que se está manipulando a los indígenas que ya anunciaron que radicalizarán la protesta.

En efecto, en Ecuador los antagonismos se han radicalizado en los últimos años, en particular por la fragmentación del movimiento indígena, las posiciones que ha adoptado la prensa y la iniciativa privada (empresarios) frente al actual presidente Moreno, y a la capacidad de su predecesor Rafael Correa de desequilibrar la coyuntura política, explica Juan Carlos Sierra, historiador y experto en política latinoamericana.

Hace énfasis en que “Correa también está presentando una opción política de contención ambigua que radicaliza posiciones sin dejar claridades sobre el futuro del país”.

Sin embargo, aclara que ni Correa ni Moreno representan esas formas de participación social en las protestas.

En esa línea de análisis, Sierra señala que es fundamental entender que “el descontento indígena también resulta de la convicción de que el modelo de desarrollo que el país adoptó, deja sectores en situación de desventaja una vez más y Correa no representa esas nuevas posturas en la dinámica coyuntural” de Ecuador.

Además, repara en el hecho de una nueva clase media en Ecuador, que si bien no responde a la polarización, no se siente representada por Correa o Moreno.

“Yo creo que al igual que en otros países, en Ecuador hay un interés por capturar la Presidencia, y la población responde con marchas, porque hay es una disputa de bloques de poder que ganan elecciones sin representar realmente a las mayorías”, estima el historiador Sánchez.

Por su parte, Sebastián Polo, investigador de la Universidad del Rosario, considera que el presidente Moreno está tratando de hacer una suerte de quiebre político con las prácticas emprendidas por Correa cuando gobernó.

“Todo este legado político tiene un andamiaje profundo que precisamente Moreno ha visto en su necesidad de reformarlo”, agrega el politólogo, quien señala que ceder a las protestas tendría un costo político enorme y sería un grave riesgo que fortalecería a las fuerzas opositoras.

Es más, Polo observa que una particularidad es que Ecuador ha sido un país que ha estado condicionado por períodos de crisis durante los últimos 30 años, donde la inestabilidad de los presidentes ha estado marcada por grupos de presión, dentro de los cuales los indígenas han tenido un gran protagonismo en el equilibrio de fuerzas.

Por último, subraya que las protestas en Ecuador van de la mano con un escenario político de la región convulso, en un marco de crisis política en Perú y los efectos de una “dictadura” en Venezuela.

 

Cifra

25 de cada 100 ecuatorianos son pobres, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos de ese país.

ÁNGELA CASTRO ARIZA

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