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Pensamiento estructurado para el Tolima

Quien procura informarse sobre la cotidianidad nacional sabe que en todo sector del orden social económico y político se da una continua dinámica intelectual o del conocimiento que reconforta, pues las buenas ideas que incesantemente se ventilan hacen creer que vendrán mejores días. Pero también el informarse es de alguna manera constatar diariamente cómo, en casi todos los sectores, los problemas se agudizan y así entonces y aunque a veces pasa inadvertido, vivimos la paradoja de las buenas ideas y los malos resultados, paradoja que podrían explicar los sesudos y perseverantes pensadores del país y del Tolima.
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Por tener la convicción de que un país realmente progresista y justo sólo puede construirse desde abajo y por sociedades concretas, uno se impone la tarea de intentar pensar el Tolima como sociedad y como entorno territorial concreto donde podemos hacer una construcción igualmente concreta. Por ello frustra (lo señalaba en artículo anterior) que, con lo mal hecho o no hecho, nuestra realidad desmienta cada día lo supuestamente bien pensado en el ayer, discordancia que hace temer que lo que hoy pensamos y acordamos sea otro eslabón en la cadena de desengaños y exige pensar en cómo causar un quiebre efectivo, entre un pasado con ideas estériles o mal gestionadas y un futuro con coherencia entre el decir y el hacer.

Una conclusión diría que una cosa son las ideas y otra su realización o que uno es el esfuerzo intelectual y otro el estratégico-político y que, habida cuenta que en el Tolima pululan ideas, entonces la barrera para las grandes realizaciones sería el nebuloso clima político y por ello, si los líderes insisten en creer que faltan ideas y omiten el análisis político o contemporizan con la apocada lógica política, podrían dilapidar esfuerzos. Se infiere entonces que el Tolima necesita pensamiento estructurado, exigencia difícil de atender porque sólo nos ocupamos de lo coyuntural o episódico del país, tal vez porque aún creemos que el centralismo salvará a las regiones, siendo a la inversa y, por ello, se tiene que balancear el análisis para construir un pensamiento estructurado para el Tolima.

Uno entiende que quienes trazan rutas para el Tolima se enojen con opiniones que parecen descalificarlos, pero en verdad mi opinión no es aviesa, sólo busca recordar que en el Tolima lo bien pensado encuentra oídos sordos, pues en “política” el fin supremo no es el desarrollo sino el poder hegemónico y sus canonjías y que el egocentrismo opaca el sentido de las ideas porque el afán de imagen riñe con un progreso que sólo puede lograrse en el mediano y largo plazo y por ello el buen dirigente aceptará que las buenas ideas trascienden a las personas y que el efecto final es el que produce legítima buena imagen, así sea póstuma.

Las ideas del desarrollo se concatenan en un pensamiento estructurado; ésta pudiera ser la nueva onda del pensador tolimense, pero lastimosamente ésta aserción es mera constancia porque para ella no hay interlocutores, como bien lo expresara un amigo lector.

ALBERTO BEJARANO ÁVILA

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