En plata blanca

Hay cosas que debemos decir en plata blanca así incomoden a tirios y troyanos. Tal es caso del rol que históricamente han desempeñado los partidos políticos en el devenir del Tolima, rol fácil de calificar porque basta con mirar cómo la realidad y las evidencias de la dinámica cotidiana revelan más decadencia que progresismo, mirada que permite concluir en que tal rol ha sido más lesivo que provechoso y que un juicio sobre el partidismo en el Tolima nunca se hizo, pues, así parece, ideólogos, intelectuales, investigadores y críticos no quieren coger “el toro por los cuernos” o califican de normal esa aberración política y por ello se entronizó el personalismo como única, desastrosa y falsa verdad político-electoral en el Tolima.

Casuística y trasformación

Es obligado el respeto por la abnegación, la persistencia y los saberes específicos de quienes día a día ejercen en el Tolima la dura tarea de examinar y proponer cómo superar los graves problemas que sufrimos en todos los ámbitos de nuestra realidad y la tarea de denunciar y repeler desidias, ineptitudes y malos procederes en las instancias públicas. La incansable e ingrata tarea de control político y administrativo es de suyo necesaria y por tanto elogiable, porque es la única forma de intentar frenar la impunidad de tanto desafuero que comenten quienes usan lo público solo como un instrumento para satisfacer sus intereses personales.

Solo hay una alternativa

Si con los buenos políticos estuviésemos de acuerdo en dos premisas, posible seria avanzar hacia una inequívoca alternativa para despejar el futuro tolimense.

Aún se puede rectificar

Reconozco que luego del triunfo del Pacto Histórico el 19 de junio vi con recelo las primeras fotografías amistosas de Gustavo Petro con voceros de la recalcitrante política que instauró el feudalismo, la desigualdad y la exclusión en Colombia.

Intelectualidad y política

En el Tolima se nota el contraste entre el lúcido y sustancial análisis crítico y propositivo de sus pensadores respecto a distintas cuestiones nacionales y la sequía de análisis y propuesta sobre el hoy y el mañana de nuestra regiòn.

Sobre la reconciliación tolimense

¿Cómo debe ser la política tolimense y cómo es en verdad? Reflexionar e intentar alcanzar un acuerdo sobre ésta cuestión es insalvable exigencia para reconciliarnos como tolimenses y así iniciar juntos la redención histórica del Tolima. Creo que no será difícil coincidir en que política son ideales; principios y valores éticos y democráticos; solidaridad y responsabilidad social; utopía; visión colectiva del futuro; pertinencia programática; objetivos, estrategias y planes para cambiar la realidad y más rasgos de inteligencia, humanismo y modernidad que algunos tildan de románticos. Tampoco será difícil coincidir en que, como ruinoso contraste, la política tolimense es un primitivo mercadillo electorero de ínfulas e intereses personales que, tiznados de colores partidistas, impiden el ejercicio de la auténtica política.

Utopías y realidades

Hoy parece estar naciendo el tan ansiado espíritu de reconciliación entre los colombianos y su origen es justamente el triunfo de Gustavo Petro, o lo mismo, ese triunfo progresista que hasta el pasado 19 de junio parecía utopía.

Frente al tarjetón electoral

A horas de marcar mi voto para elegir a Gustavo Petro como Presidente, quiero disculparme con las escasas centenas de personas (algunos con ideas opuestas a la mías, pero casi todos mis amigos) que en grupos o privadamente figuran como contactos en mis dispositivos, por el agobio causado con mis opiniones y reenvíos atinentes al proceso electoral.

“Pedagogos” de odios y miedos

Tengo plena convicción de que, con el triunfo del Pacto Histórico, el 19 de junio comenzará el fin de la infamia política que, con violencia, clasismo, racismo, engaño y corrupción, ubica al país en primeros lugares del ranking global de desigualdad social.

“Si no te gusta algo, cámbialo”

Seguramente coincido con millones de progresistas en que del resultado electoral del 29 de mayo nos quedó un sabor agridulce que exige análisis racional y no emocional, conclusiones y acción decidida ante la segunda vuelta.