Sobre prioridades e inconsistencias

Tal vez por creerlo irrelevante, en el Tolima nunca hemos considerado que el pensamiento estratégico para construir desarrollo regional debe tener un claro orden de prioridades y de ahí la incoherencia y desenfoque de las bases teóricas del desarrollo tolimense, cuyo efecto es que las visiones, los objetivos y los lineamientos prospectivos sean antojadizos, erráticos y “de corto vuelo”. Por ignorar la prioridad, la prospectiva tolimense extravió su pertinencia y por ello la búsqueda de factores detonantes del desarrollo acaba centrándose en “Bogotá” y no en las potencialidades endógenas; prueba de ello es que los “estrategas” claman ayuda nacional, hipotecan la autonomía regional y validan la levedad y la desvergüenza política, en vez de afirmar la integralidad tolimense para merecer respeto en el ámbito nacional.

Cuando el pasado eclipsa al futuro

Desarrollo, bienestar, innovación, modernidad, transformación, oportunidades y muchos sustantivos más que escuchamos todos los días en boca de muchos dirigentes y agentes de opinión, parecieran ser pregones de futuro, pero, al escrutar detenidamente los momentos, las circunstancias y las acciones que proceden, se evidencia que tales conceptos son apenas lugares comunes propios de racionalidades e intencionalidades más ligadas al pasado que al futuro. Escuchar palabras y luego padecer las acciones posteriores, es como un dèjà vu o “sensación de haber vivido ya la misma situación” y de ahí la pregunta que debería preceder todo ejercicio prospectivo: ¿El pasado eclipsa el futuro de los tolimenses?

Las luchas sociales no deben personalizarse

Admirable y ejemplar es la lucha que, por fines concretos, libran muchos líderes tolimenses. Medio ambiente sostenible (Bosque Galilea, Piedras, Cajamarca), cultura (festivales y otras expresiones) patrimonio arquitectónico (Ambalema, Honda y más lugares emblemáticos e históricos) son, desde hace muchos años, algunos de esos frentes de lucha que, en mi franca opinión, se perderán, porque son aislados y no convergen estratégica y políticamente a un proceso de empoderamiento para cambiar el rumbo del Tolima. Sobre otros temas álgidos (empleo, corrupción, inseguridad, vías rurales y urbanas, educación, salud, etc.), pienso que hay más blablablá, formulismos teóricos y oportunismos politiqueros que espíritu de lucha.

“Tolima, causa común” (II)

En artículo anterior señalaba que hoy los tolimenses son llamados a votar, pero que ninguno de esos afanosos llamados muestra al tolimensismo como norte ideológico y al Tolima como cimera razón del quehacer político.

“Tolima, causa común” (I)

Desde disímiles vertientes electorales, que no ideológicas, hoy convocan a los tolimenses a votar, pero ninguna de esas llamadas muestra al tolimensismo como referente ideológico y al Tolima como objetivo del quehacer político y por ello el pronóstico resulta obligadamente pesimista, porque no siendo el Tolima el norte del llamado político, entonces los tolimenses seguiremos oyendo los cantos de sirena en vez de escuchar las voces de las razones lógicas y, así, jamás seremos dueños de nuestro destino y por ende nuestra ruta seguirá siendo la fragmentación social, la pequeñez mental, los odios, la siniestra corruptela y más desvaríos y máculas que sólo exacerban el viejo y arraigado subdesarrollo de nuestra región.

El fin político no es ganar, es transformar

La política podría trasformar al Tolima, pero, al ver tanto politiqueo y nada de ideas (“mucho tilín y paletas nada), esta idea se esfuma porque, en verdad, el ajetreo electoral parece más una gallera que un virtuoso escenario donde se plantean ideas y propuestas serias de índole económico y social. Pensando con el deseo y de cara al 2022, imagino un debate donde los aspirantes al congreso no puedan recurrir a la casuística o los cuentos de siempre y sólo les admitan exponer, con rigor ideológico y técnico, las estrategias que su colectividad propone para reconstruir moral, económica y políticamente al Tolima y, de no ser así, ellos no podrán participar del debate y se les instaría a apartarse de la política para que no hagan más daños.

Acuerdos y desacuerdos, una tensión superable

Caminar hacia un futuro próspero y solidario del Tolima requiere de una cultura fundada en serios y legítimos conceptos de desarrollo regional, pues de esa conceptualización procede la pertinencia de las acciones a emprender para lograr ese desarrollo.

“El sueño de los justos”

Con firmeza creo que el Tolima podrá romper su coyunda con el subdesarrollo el día en que, con auténtica y profunda visión de futuro, basamento estratégico, solvencia ética y moral, claridad política y cohesión social, decida empezar a construir una nueva historia. También creo que, para el caso tolimense, estas virtudes las entraña el regionalismo, porque son las fuerzas endógenas (incluido el peso político como fuerza endógena) las que pueden originar nuestro desarrollo y, con él, ayudar a construir un país incluyente y equitativo.