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Popurrí de perlas

De creencias erradas y embaucadores nacen los malos hábitos y estos, de tanto practicarlos sin sopesarse en el juicio crítico, acaban siendo estereotipos aconsejables y por lo mismo se reproducen convertidos en respetado y hasta elogiado proceder.

UN MENTÍS AL DESARROLLO TOLIMENSE


Semanas atrás dije que, por la copiosa acumulación de cumpleaños, en muchos momentos llegue a creer que no alcanzaría a ver el cambio en Colombia y que hasta el final sería testigo y de muchas formas víctima de la discordancia entre el creciente deterioro de las realidades sociales y el envilecido ejercicio político, discordancia de la cual siempre fui leal lector por querer entender las causas del subdesarrollo del país y por lo mismo las causas del desastre social. Estas lecturas me permitieron formular claros juicios sobre las soluciones objetivas y profundas que plateaba el progresismo y las opciones falsarias, funcionales y oportunistas del politiqueo pernicioso y, de allí, mi veterana, invariable y coherente posición política que pudo regocijarse con el histórico triunfo en èste año 2022.

SIN APERTURA MENTAL, NADA

Pese a querer asumir con respeto y cordura el pluralismo ideológico que origina los distintos análisis de los primeros cien días del gobierno de Gustavo Petro, es difícil hallarles sindéresis a los objetores de casi todo cuanto viene haciéndose por el cambio, que, como titula El País, España, es “un cambio en un país que vuelve a tener rumbo”.

El personalismo galopante

Las elecciones de octubre del 2023, en vez de propiciar una convergencia de voluntades por el futuro tolimense, está desatando una salvaje estampida de apetitos personales dado que, en el tumulto de candidatos a consejos, Asamblea, alcaldías y gobernación, no existen vasos comunicantes (ideológicos); ellos no coinciden, disienten o dialogan por el futuro del Tolima porque su primitiva egolatría solo los induce a saciar sus carencias psicológicas o su peculio. Como la tolimense es sin duda una sociedad políticamente desinformada y manipulada, cae bien citar a George Orwell para iniciar la reflexión sobre política y futuro tolimense: “Quien controla el presente controla el pasado. Quien controla el pasado controla el futuro”.

Quijotadas (II)

En la entrega anterior decía que, por no ser un camino sino muchos caminos los que debemos transitar para alcanzar el desarrollo tolimense, es ineludible deber el construir ese mapa de caminos.

Quijotadas (I)

Recurro a la frase que señala que “todos los caminos conducen a Roma” para sustentar que el desarrollo, por ser noción vinculante del interés particular y el interés general, es objetivo común. Para facilitar sus sueños, las personas crean grupos de interés específico (ej., gremio o cooperativa) y los grupos delinean un camino para sus asociados y, a su vez, esos caminos se cruzan con los caminos de otros grupos de interés específico y, de esa dinámica de ideas y acciones, aparece el mapa de caminos hacia el buen destino: el desarrollo regional. Claro, esto es teoría, pues en el Tolima, para el efecto, la esencia política del desarrollo mutó en pseudo política, la cultura política cayó en decadencia y el vocablo desarrollo se convirtió en comodín de palabrería insulsa que a nada lleva porque carece de norte y de sentido.

La excepción confirma la regla

En artículos anteriores me refería a la historia tolimense como sofisma que prospectivistas y teóricos de los últimos lustros han usado para dar tinte intelectual a propuestas que nunca les dan resultados y no la historia como experiencia vital que enseña cómo el Tolima, hasta los años cuarenta del siglo pasado, venia tejiendo un lento pero firme desarrollo que, desde los años cincuenta, comenzó a declinar por la violencia, la politiquería y la globalización que trajeron abusos, quiebres sociales, fracasos y malas mañas que turbaron el alma tolimense y de ahí el frágil y aciago presente del que tanto nos quejamos. Mientras el deseo tolimense cabalgue sobre condiciones azuzadas desde afuera y no construyamos pensamiento propio para escribir nuestra propia historia, ninguna visión estratégica de futuro dará resultado.

No existe historia tolimense (III)

En razón a que existen países y regiones exportadoras e importadoras de capital financiero, uno se pregunta si este es o no asunto pertinente al desarrollo tolimense y en consecuencia si la “Visión Tolima”, los políticos y los líderes económicos conciben, como estrategia capital, fundar un mercado de capitales del Tolima. De no ser así entonces el desarrollo es narrativa boba, pues el Tolima seguirá siendo nicho rentable y exclusivo para financistas nacionales y transnacionales que, en gran parte, con el mismo ahorro público y privado de los tolimenses especularán y lograrán la mejor tajada del esfuerzo productivo regional: Sin finanzas propias una “región pobre” acaba siendo colonia o enclave económico y su progreso un imposible.

No existe historia tolimense (II)

La aleatoria lista de ejemplos para contrastar la construcción histórica con la historia como zaga de sucesos inerciales en el Tolima continua con los servicios públicos, donde también lo histórico se hizo evidente al permitir que la construcción de la actual estructura (excepto acueductos, donde ronda el runrún privatizador) se readaptara por la dinámica empresarial, externa, nacional y multinacional y ante la inacción, cuando no apología, de quienes ignoran que una estructura de activos productivos, pública y propia, permite generar utilidades para reinvertirlas en calidad de vida, empleo y prosperidad para los tolimenses.

No existe historia tolimense (I)

Decía en artículo anterior que no existe una historia tolimense porque en nuestros casi cinco siglos no hemos sido protagonistas, solo hemos contemplado pasivamente la formación de nuestras estructuras sociales por fuerzas externas, es decir, observamos los cambios, pero no los causamos y de ahí el atraso y no el desarrollo. Por amigables disensos sobre la historia tolimense y por ser cuestión crucial para comprender al Tolima, en pocas cuartillas intentaré plantear mi opinión, pues si bien historiadores, antropólogos y arqueólogos relatan sucesos acaecidos desde tiempos precolombinos, nunca hemos juzgado si el “orden” social, político, económico y ambiental del Tolima de hoy es construcción, deconstrucción o accidente y por tanto si los tolimenses fuimos y somos históricos o ahistóricos.