Sobre obstinación y persistencia

Cada quien ve las cosas desde la perspectiva del mundo que construyó en su magín y tal vez por ello los diálogos suelen fracasar, pues al dialogar partimos de nuestra intrínseca realidad creyendo que también es la realidad del otro, es decir, el diálogo generalmente es pugilato de dogmatismos y no encuentro de tesis para obtener conclusiones y de éstas los acuerdos. Ello explicaría porque, a lo “grisalesco”, algunos se erizan cuando oyen la palabra ideología, pues en su cerrado mundo pudieran pensar que éste vocablo demoniaco amenaza el orden establecido y por ello el regionalismo, como ideología realmente revolucionaria, subyacerá hasta cuando se logre demostrar que las ideas dominantes son extemporáneas y alienantes.
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Con este prólogo admito ser persistente en el regionalismo, pues tengo absoluta convicción de que esta ideología, puesta en práctica (la praxis), es la única opción que podría producir un quiebre histórico o cambiar el rumbo del Tolima. Como no falta quien pretenda censurar la persistencia, que otros juzgan como virtud, creo necesario decir que nuestra persistencia es disruptiva y que la ideología que la motiva ha sido poco oída y nunca atendida, mientras que otros, de suyo prestos a descalificar lo que su mundo ignora, recurren a la obsolescente obstinación, es decir proponen y practican lo que se viene proponiendo y practicando desde hace más de cincuenta años y cuyos malos y crecientes efectos todos los estamos sufriendo.

La paradoja de la obstinación obsolescente y la persistencia disruptiva podría zanjarse con diálogo o debate, pero, como dijera atrás, el encuentro de las ideas parece ser un imposible porque la vetustez mental, aliada del continuismo, es enemiga de toda ideología emergente y siempre verá el cambio como amenaza, no como oportunidad y esa obsolescencia siempre es atizada por poderosos intereses económicos y políticos para mantenernos desunidos en lo fundamental y por tanto en el Tolima, que ni siquiera es región capitalista, el regionalismo sería la ideología del encuentro, porque, como lo propongo persistentemente, asumiéndola podríamos unirnos por la reconstrucción regional, así estemos en desacuerdo en lo nacional.

Lo disruptivo y lo arcaico no es tema menor porque allí se deciden los estilos de liderazgo (de ello diré luego), el del liderazgo franco que con un fin territorial claro y compartido, con rigor conceptual y programático y con espíritu de equipo, es antítesis de clanes autocráticos que sin ideas serias, acordadas y sostenibles sobre el Tolima, plantean arcaicas teorías sobre política y desarrollo y, con talante caudillesco, gamonalesco y hegemónico, impiden que el Tolima tenga brújula o sepa leer la posición de las estrellas para encontrar su rumbo.

El sentido común dice que, aunque con enfoque distinto, Colombia y el Tolima están frente a una encrucijada, o cambian o siguen igual y por ello, eso creo, hoy la tibieza no conviene. Respeto lo que cada quien decida en lo nacional, pero persisto en el regionalismo como guía para reorientar al Tolima y por ello invito a acogerlo con espíritu de unidad tolimensista.

ALBERTO BEJARANO ÁVILA

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