Quijotadas (I)

Recurro a la frase que señala que “todos los caminos conducen a Roma” para sustentar que el desarrollo, por ser noción vinculante del interés particular y el interés general, es objetivo común. Para facilitar sus sueños, las personas crean grupos de interés específico (ej., gremio o cooperativa) y los grupos delinean un camino para sus asociados y, a su vez, esos caminos se cruzan con los caminos de otros grupos de interés específico y, de esa dinámica de ideas y acciones, aparece el mapa de caminos hacia el buen destino: el desarrollo regional. Claro, esto es teoría, pues en el Tolima, para el efecto, la esencia política del desarrollo mutó en pseudo política, la cultura política cayó en decadencia y el vocablo desarrollo se convirtió en comodín de palabrería insulsa que a nada lleva porque carece de norte y de sentido.
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Con estos símiles señalo entonces que son muchos los caminos que debemos transitar para alcanzar el desarrollo tolimense y no uno, y menos el electoral per se, como erróneamente creemos, que “topografías y trayectorias” a seguir son distintas y que si bien los “viajeros” encarnan la diversidad y por ello pareciera que hablaran “idiomas” diferentes y que “cada quien anduviera por su lado”, la verdad es que todos queremos alcanzar la misma meta, el progreso individual y colectivo y que, para lograrlo, tenemos que estar unidos por el mismo espíritu. Colombia es totalidad que debería estar integrada por totalidades regionales y así el Tolima no sería mercado apetitoso para poderes económicos y electoreros y sus recursos no serían coto de caza para intereses oligopólicos que desconocen el bien común.

El acumulado de aspiraciones de los grupos de interés específico en la economía, la sociedad civil y lo político-gubernamental son, de hecho, el genuino proyecto político del Tolima, que no equivale a avidez electoral, pues esta última debe legitimarse en proyectos políticos para que la política no sea trivial, egocéntrica y corruptible y si sea sistémica, ética, democrática y sinérgica. En el modelo actual un candidato, por bueno que sea, es circunstancial pero no histórico y extenderá el rancio circulo vicioso porque no representa ningún proyecto político para el Tolima, proyecto que, además de lo indicado atrás, también debe ser holístico pues, ej., es grave error estratégico proyectar a Ibagué sin proyectar al Tolima y viceversa.

Solo la estricta ilación del proyecto político como sumatoria de muchos capítulos sectoriales y geopolíticos, un partido político con alma regionalista y candidatos como voceros de aquel proyecto y partido, posibilitará el progreso del Tolima. Sépase entonces que el personalismo no puede ser el faro de la política y por tanto seria de un concluyente diálogo inter sectorial (gremios, sociedad civil) y luego entre sectores, de donde surgiría el gran proyecto político y la nueva arquitectura político-electoral que acatarán quienes tienen real vocación política (de servicio). Desear de corazón que Tolima cambie, supone reconocer que la vía a transitar aún no existe y que hoy solo tenemos aquella que lleva al ostracismo. Continúa…

ALBERTO BEJARANO ÁVILA

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