Vías e impacto económico

El impacto económico que genera la mala calidad de las vías en el municipio es un asunto que debería llamar la atención de la administración municipal y de manera urgente, para nadie es un secreto el deplorable estado de la malla vial en Ibagué y las consecuencias que esto trae en relación a la seguridad vial, al desarrollo social, pero sobretodo a la competitividad del municipio. La relación entre calidad de las vías y cantidad de las mismas es negativa y, si a esto le sumamos, el desorden generalizado por ocupación vial debido al mal parqueo de los vehículos en las calles ocasionando mayor tiempo de desplazamiento y congestión, genera un impacto negativo directo en la productividad.  
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El impacto económico que genera la mala calidad de las vías en el municipio es un asunto que debería llamar la atención de la administración municipal y de manera urgente, para nadie es un secreto el deplorable estado de la malla vial en Ibagué y las consecuencias que esto trae en relación a la seguridad vial, al desarrollo social, pero sobretodo a la competitividad del municipio. La relación entre calidad de las vías y cantidad de las mismas es negativa y, si a esto le sumamos, el desorden generalizado por ocupación vial debido al mal parqueo de los vehículos en las calles ocasionando mayor tiempo de desplazamiento y congestión, genera un impacto negativo directo en la productividad.  

Tim Harford en su libro “El economista camuflado” nos trae un ejemplo bastante diciente para explicar el “por qué los países pobres son pobres” y es el caso de Camerún. Un ejemplo complementario a la tesis esbozada por Daron Acemoglu y James A. Robinson en su libro “Por qué fracasan los países”, donde se explica con claridad la relación inversamente proporcional que existe entre las -malas o buenas- decisiones de un país o un gobernante –la decisión de ambos es trascendental, pues al primero se le mide por quién se elige y, al segundo, por lo que hace, o no, para gobernar- y llegar a la prosperidad o a la pobreza. A la final la frontera para tomar uno u otro camino puede ser bastante delgada.

“-Sam ¿cuánto hace que arreglaron las carreteras por última vez?

-Hace 19 años que no arreglan las carreteras.

-¿La gente no se queja de las carreteras?

-Sí se queja, pero no se hace nada. El gobierno nos dice que no hay dinero…” 

La anterior fue una cita del libro de Tim Harford ya referenciado sobre su experiencia en una visita a Camerún mientras elaboraba su tesis del por qué los países pobres son pobres ¿nos preocupamos? Yo creería que sí, básicamente por lo siguiente, por un lado, los estériles esfuerzos por una reactivación económica que necesita el municipio –hay que combatir esa mezcla de informalidad y desempleo que padecemos-, que además sea la clave para avanzar en la construcción y satisfacción de nuestras necesidades básicas, como por ejemplo la prestación eficiente y oportuna de los servicios públicos –algo que se ha venido desnudando como una carencia profunda que vivimos en relación al suministro de agua potable-. Por otro lado, las vías, como recursos artificiales y que es uno de los elementos que contribuyen a la generación de riqueza y con unos rendimientos económicos bastante altos, por esa razón no debería haber escasez en este tipo de inversiones. Uno y otro se resumen en la idónea infraestructura que debe tener el municipio para atraer la inversión y los negocios.

Andar por las vías de la ciudad puede llegar a ser una “sentida” experiencia, para el ciudadano el malestar, el daño –físico y material- y el impacto visual –negativo claro está- y, para la economía local, una barrera a la productividad, a la competitividad y por supuesto al desarrollo. El “path dependence” en este caso es entre infraestructura y prosperidad, de ahí la importancia de generar los incentivos correctos para lograr la tan cacareada reactivación económica.

 

CAMILO ERNESTO OSSA B.

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