¿Cuándo empezamos a hablar del nuevo POT?

Me empieza a asaltar una preocupación en relación al futuro Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Ibagué, es clave esa discusión desde ya, pues estamos atravesando la mitad de la vigencia del actual y no veo, en estos momentos, cuáles serán los ejes transformadores del municipio en adelante, porque debe haberlos.
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Pero antes que nada permítanme hacer referencia a la partida de un gran líder social y político de la ciudad y del departamento, lo conocí hace muy poco tiempo, pero el suficiente para entender quién fue, Julio Fernando Enríquez Miranda; partió el pasado viernes, dejándonos un legado de lucha por los derechos sociales en busca de la construcción de un mejor país, más equitativo e incluyente, acorde a sus principios y su visión del deber ser, los cuales nunca transó, valiente y correcto, más en un país donde la defensa de los derechos de primera, segunda y tercera generación suelen estar marcados por la violencia. Buen viaje Julio. Pero él, como arquitecto que fue, sí conocía la importancia del POT, del cual quiero hablar muy brevemente hoy para retomarlo con posterioridad y de acuerdo a la dirección en la que deberíamos ir. 

Surgen varios interrogantes de los que señalaremos, por ahora, dos que son importantes en la necesidad de planificar la ciudad acorde a las nuevas tecnologías y, por supuesto, las súplicas ciudadanas y empresariales del municipio. ¿Las políticas públicas que han formulado o quieren formular las instituciones, responden a la visión urbana y rural, con la cuál se piensa transformar Ibagué de cara a las demandas económicas, sociales y culturales? Teniendo claro que las economías colaborativas son un elemento planificador del territorio, ¿qué “tanta” tecnología es la apuesta de la Alcaldía como modelo de desarrollo económico y social? Son preguntas claves, de las cuales se desprende un sinnúmero de actividades que estaríamos en mora de realizar.

Frente al primer interrogante, por el lado del gobierno municipal, de acuerdo con las necesidades ciudadanas y económicas que así lo determinen; tiene, al ser un “policy maker” que en esencia toma decisiones y moviliza recursos para la materialización de esas decisiones, una herramienta poderosa para desarrollar la correcta planificación territorial, de ahí que, en la ejecución de sus políticas públicas, estas, desarrollen ordenadamente el qué es y el qué será Ibagué. No puede haber “tiros al aire” en la pretensión de adelantar el municipio 30 o 40 años de (olvidado) desarrollo. 

Lograr materializar lo anterior requiere, en el momento actual en que vivimos, “echar mano” de las economías colaborativas y, en consecuencia, su necesaria interacción con la tecnología, es la razón de ser del segundo interrogante, como herramientas de desarrollo económico y social, utilizables, solo por citar unos ejemplos, para la gestión del tráfico en las ciudades, para combatir la inseguridad ciudadana, para conservar y utilizar correctamente el suelo –lo digo por los casos de aquellas construcciones que no cuentan con disponibilidad de agua potable por ejemplo-, para gestionar el ecoturismo y como herramientas de proyección cultural. Hay que ponerle el ojo al Plan de Ordenamiento Territorial que necesita Ibagué y planificar nuestro propio desarrollo de acuerdo a lo que somos, pero sobretodo a lo que queremos hacer, arrancando por satisfacer todas nuestras necesidades, desde el agua potable hasta la tecnología.


 

CAMILO ERNESTO OSSA B.

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