El infinito en un junco

Irene Vallejo, en su reciente obra que lleva el título de esta columna, nos enseña y recuerda que en el comienzo de nuestra historia, fue la comunicación oral la única forma de intercambio entre los seres humanos. De transmisión de sus saberes, de sus creencias religiosas, de sus liturgias y rituales. En fin, de la creación de cultura. Reitera, que poetas y dramaturgos hacían maravillosas creaciones solo en sus mentes y luego las llevaban al discurso. No había manera de corregir sobre un texto escrito ya que, simple y sencillamente, no existían.
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Nos enseña Irene, que cuando posteriormente esos sonidos que hacemos con el aire al expresarnos fueron atrapados mágicamente en signos, apareció la escritura y con ella los papiros, los pergaminos, los códices, los volúmenes, el papel, los libros, las bibliotecas, los bibliotecarios. Y con ellos, con los escritos que sobrevivieron los incendios, naufragios, persecuciones religiosas, a las fuerzas de la naturaleza, erupciones volcánicas, censura oficial, concepciones racistas, pudimos acceder a la filosofía, la ciencia, el derecho, a la historia y a todo el conocimiento que se produjo en el mundo antiguo, y claro está, a todo el saber que se ha ido produciendo. 

Son maravillosas esas historias sobre el encuentro, recuperación y conservación de los libros de la antigüedad. Ovidio fue perseguido por el emperador Augusto y desterrado a la ciudad de Tomi - hoy  Constanza en Rumania-, por su libro ‘Arte de Amar’, que atentaba contra la familia, porque instruía a las mujeres sobre  formas de obtener placer. Afortunadamente fue unos de los grandes primeros fracasos de la censura, o más bien gracias a ella el libro se conservó.

También, el libro sobrevivió debido a la preservación de la inmensa red de bibliotecas pequeñas, levantadas en múltiples ciudades e islas de mundo helenístico luego de Roma, que no fueron objeto de destrucción. La supervivencia de muchos textos en los monasterios y abadías. El trabajo abnegado de los frailes para realizar copias letra a letra de cada uno de ellos.

Y así, a través de los libros, han llegado hasta nosotros el concepto de democracia, porque unos osados griegos decidieron entregar el poder al pueblo. Igualmente, el primer código de ética, de acuerdo al cual  los médicos hipocráticos, debían cuidar también a los pobres, los esclavos y los extranjeros. Nos ha sido legado también el concepto de derechos humanos. Los principios del derecho, como un juicio legal y justo. La confianza en la ciencia y en la educación. 

Gracias a Irene Vallejo, por este espectacular regalo para paliar el inicio de año, con el mágico y didáctico paseo por el infinito del libro

Camilo González Pacheco.

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