Honor el mérito

Los 472 años de la fundación de Ibagué fueron conmemorados con diversas actividades  especialmente del ámbito cultural: conciertos, exposiciones de arte, ferias artesanales, gastronómicas, conversatorios sobre su fundación, y otras más; varias de ellas organizadas por entidades de la sociedad civil, algunas con apoyo institucional y aporte de la Alcaldía, la Gobernación o del Ministerio de Cultura; también aportes de empresas, que si bien suelen ser pequeños con ello expresan solidaridad. 
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Todos los organizadores merecen gratitud y reconocimiento por el denodado esfuerzo que aplican, porque su organización es compleja, los recursos que reciben son siempre insuficientes y además enfrentaron la inquietud que genera la temporada de lluvias que vivimos. Así mismo, ameritan reconocimiento especial los voluntarios que apoyan estas labores y contribuyen a la superación de las dificultades que surgen en su  realización.

En esa nota me refiero de modo especial a la programación desarrollada por la Fundación Musical de Colombia, una organización cívica sin ánimo de lucro, creada hace 36 años por iniciativa de la señora Doris Morera de Castro, quien la preside y nos asombra con la proeza que constituye realizar cada año el Festival Nacional de la Música Colombiana, declarado “Patrimonio Cultural y Artístico de la Nación” (Ley 851 de 2003). 

Por transparencia debo precisar que hago parte de su Junta Directiva, y allí, más que aportar he aprendido de su fundadora, cómo es posible superar con fortaleza, creatividad y persistencia, las enormes dificultades que debe sortear, no solo para mantener viva la Fundación y el Festival, sino para lograr con tan limitados recursos  obtenidos mediante su intensa gestión, un evento que cada vez es mejor y ha logrado importante reconocimiento nacional e internacional. Además, porque el Festival constituye un aporte trascendente para sustentar el título de Ciudad Musical que se le atribuye a Ibagué.

Destaco el concierto de cierre realizado en domingo 16 de octubre en el Parque Murillo Toro, un evento que reunió artistas de muy alto nivel y ofrecieron un espectáculo memorable. El público respondió con creces, no solo por la nutrida asistencia sino por la alegría inmensa que expresaba, que algunos no pudieron contener y decidieron salir a bailar en los espacios que encontraron en el parque. Los artistas terminaban su presentación con el clamor de “otra, otra”, solicitud que siempre fue atendida. Cabe entonces reiterar cuánto representa dicho Festival como oportunidad para los artistas, que ofrecen conciertos en diversos sitios de la ciudad, la mayoría con entrada libre, y también participan en concursos de interpretación y composición que, además de los premios, les permite ganar gran visibilidad. 

De nuevo, a Doris Morera de Castro y al pequeño grupo de voluntarios que la acompaña, gracias por el arduo trabajo que realizan a lo largo de todo el año. Gracias, así mismo, por dar ejemplo de resiliencia, coraje y persistencia, ingredientes fundamentales del éxito que ha logrado. Su mérito es grande y mucho tenemos que agradecerle, no solo los tolimenses sino el país entero, por su contribución al rescate, valoración y renovación de la música colombiana en su amplia diversidad. Honor al Mérito.

NOTA: A mis amables lectores les comparto que esta columna tendrá un receso debido a que estaré de viaje. 

CARMEN INÉS CRUZ

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