Nace una estrella

Muchas veces nos hemos quejado por la falta que hace definir una vocación productiva para Ibagué que permita progresar y especializar sectores de la economía local para generar empleo y desarrollo. Es una discusión que toma fuerza especialmente en campañas políticas o cuando nos lamentamos por una nueva publicación del DANE que confirma elevadas cifras de desempleo.
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Economistas, políticos y académicos han planteado recuperar la otrora vigorosa industria algodón-textil-confección, otros exaltan las oportunidades para proliferar el sector agrícola, algunos refieren la construcción de vivienda como una oportunidad para mantener vigentes miles de empleos, y la mayoría merodea el lugar común de una estratégica ubicación geográfica que genera potencialidades para el turismo, los servicios logísticos y otras cuantas actividades económicas. Algunos han hablado de una ciudad universitaria, otros de hacer honor al titulo de capital musical y fortalecer la industria cultural.

No debería trasnocharnos el pensar un sector para jugar todas las cartas. Aunque algunos progresan en respuesta a incentivos determinados por el gobierno, como por ejemplo la construcción de vivienda que se ha desatado por los subsidios para compra de vivienda nueva y facilidades en el acceso a crédito hipotecario, otros medran por estímulos que se salen de la órbita de la política: influye la moda, los cambios en la composición de las familias (ahora son pequeñas, con pocos o ningún hijo y muchos perros o gatos), las variaciones en las preferencias y gustos de las personas que buscan cuidar la salud, la estética corporal o combatir el cambio climático cambiando comportamientos personales. 

En Ibagué está naciendo una nueva estrella que responde a un cúmulo de ventajas comparativas y competitivas que ofrece la ciudad: los eventos masivos. Espectáculos deportivos que atraen atletas y acompañantes de todas partes del mundo (como el Mundial de Patinaje), conciertos y  festivales que invitan espectadores de diversos orígenes y gustos (como el Jamming Festival 2022), encuentros de negocios que reúnan cadenas productivas (como el Ibagué Negocios y Moda o el Ibagué Café Festival), son apenas una muestra de lo que podría ser una poderosa industria de eventos masivos que podría encadenar muchos sectores productivos e incentivar la inversión privada en búsqueda de aprovechar la población flotante que pueda llegar a la ciudad.

No tenemos playa ni descomunales parques de diversiones, tampoco monumentos icónicos ni canales para navegar en góndolas, pero tenemos una ciudad bien ubicada, clima agradable, gente querida, una envidiable infraestructura deportiva (hecha y en construcción), una creciente oferta de hoteles y restaurantes, y un costo de vida menor que el de las grandes ciudades. 

Debemos hacer todos los esfuerzos para que esa estrella brille con intensidad. Una institución público privada que fomente y venda la ciudad como destino de eventos de toda naturaleza. Plataformas digitales para guiar a locales y visitantes en cuestiones de entretenimiento, gastronomía y experiencias. Organizar y mejorar el transporte público en atención y presentación, y renovar el aspecto de la Terminal de Transportes. Avanzar en bilingüismo. Garantizar el ornato y embellecimiento de los espacios públicos. Mantener las vías en buen estado. Garantizar la operación del aeropuerto Perales aun en condiciones climáticas adversas y promover nuevas rutas directas. Invertir recursos públicos en la organización de espectáculos y ferias que atraigan el interés de propios y visitantes. 

Tareas sobran, ojalá asumamos el reto.

 

CÉSAR PICÓN

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