24 de Septiembre del 2017
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Columnista Invitado
29 Jun 2017 - 3:01am

¿Por qué creerle a la ONU?

Publicada por
HÉCTOR GALEANO DAVID
Autor:

La Organización de las Naciones Unidas, nació oficialmente, el 24 de octubre de 1945, después de la ratificación de China, Francia, la Urss, el Reino Unido, los EE.UU. y la mayoría de los demás signatarios. Era un segundo esfuerzo, luego de la creación de la Sociedad de las Naciones en 1919, propuesta por el presidente Wilson de los EE.UU., para consolidar una organización de carácter global, mediante la cual se gestara un espacio de negociación, solución de controversias y cooperación mundial.

Su estructura fue diseñada, para atender de manera transversal las diversas problemáticas del planeta. Fue así, como se pusieron en marcha seis órganos, responsables de atender los temas económicos, de desarrollo social, solución de controversias y seguridad, entre otros.

A lo largo de sus más de 70 años, la organización ha tenido una interesante evolución. Por ejemplo, los Objetivos del Milenio, propuestos en la Secretaría del ghanés Kofi Annan, surgieron con el propósito de atender los nuevos retos que la humanidad estaba afrontando; el absurdo crecimiento de la pobreza, los peligros medioambientales y esos enemigos invisibles como el Sida, que estaban azotando a muchos países, especialmente los africanos.

Posteriormente, en la administración del coreano Ban Ki-moon, ya finalizado el periodo propuesto para las metas del milenio, se concluyó que se debía ampliar de ocho a 17 los objetivos, debido a que temas como el cambio climático, el acceso a la energía asequible y sostenible, el fomento de la innovación y la promoción de sociedades pacifistas, pasarían a convertirse en prioridades para la ONU y por ende para la sociedad mundial.

En este orden de ideas, no es difícil entender las razones que tuvo la organización para que por medio del Consejo de Seguridad adoptase por unanimidad la resolución 2261 de enero de 2016, mediante la cual se estableció una misión política de observadores internacionales no armados, con el propósito de monitorear y verificar la dejación de armas por parte de las Farc.

A diferencia de todos los procesos de desmovilización y entrega de armas por parte de actores ilegales en Colombia, la ONU, participó como garante; logrando converger los intereses de los denominados “cinco grandes” o Consejo Permanente de Seguridad, conformado por China, Rusia, Reino Unido, EE.UU. y Francia, los cuales, tienen el derecho a veto. Es decir, con solo objetar la Misión no se hubiese dado.

Por otra parte, el apoyo irrestricto de los miembros no permanentes, que aglutina a todos los continentes y diversas visiones políticas y económicas. Es un verdadero caleidoscopio de pensamientos y miradas sobre la sociedad.

Por ello, la ceremonia que se dio el 27 de junio, en la cual se entregaron 7.132 armas a los veedores de la ONU, es la prueba fehaciente de la seriedad de un proceso, que se inició el 26 de agosto de 2012, ante la mirada incrédula de la mayoría de los colombianos y que hoy, arroja los resultados de un acuerdo que se convirtió en un verdadero ejemplo para el mundo. Seguramente, alguien dirá que la ONU requiere evolucionar y de eso no hay duda. No obstante, sin la organización, el sistema internacional se derrumbaría, dejándonos a la deriva y expuestos a los ataques de los guerreristas y enemigos de la paz.

Por eso, sin dudarlo un segundo, puedo afirmar que sí, le creo a la ONU.

Analista internacional

@hgaleanodavid

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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