Ambientes de riesgo para Niños, Niñas y Adolescentes

Recientes acontecimientos, tristemente señalan la participación de Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) en acciones delictuales, escenario que viene generando franja mediática de preocupación frente a los detonantes que podrían estar causando este fenómeno, frente a lo cual debemos hacer una urgente reflexión sobre el papel de los adultos y los entornos, que podrían estar causando esta coyuntura social.

Avanzamos en el tiempo, y uno de los factores positivos para evitar que los NNA fueran víctimas de maltrato y se les reconocieran muchos de sus derechos, es la aplicación de la Ley de Infancia y Adolescencia; no obstante, esta herramienta jurídica vendría siendo mal interpretada y/o usada por redes delincuenciales, que pretenden instrumentalizarlos y motivarlos en la comisión de delitos, particularmente en ambientes mal sanos relacionados con la comercialización de estupefacientes en menores cantidades, así como en la materialización de hurtos, escenarios delictuales que vulneran los derechos de los NNA.

Es claro, que tras actos violentos de menores de edad, estarían involucrados adultos a los cuales se les podrían accionar una pena establecida en la Ley por inducirlos al delito, generando un contexto de violencia y riesgo para éstos. Agregando que, algunos infantes, quedarían bajo la protección del Icbf por ausencia de una persona o familiar que continúe con su protección, toda vez que sus progenitores, no desean ejercer su rol como padres, dejándolos en el olvido en hogares sustitutos, creando desde ese instante un daño marcado para el menor.

Por otra parte, es necesario plantear que las épocas han cambiado de una forma acelerada, donde se evidencia la pérdida de algunos hábitos bastante significativos para la niñez y la adolescencia, pasando de jugar en la calle e interactuar con otros niños bajo la supervisión de sus padres, a estar encerrados en sus casas, muy posiblemente en videojuegos o frente a un computador, navegando por el infinito mundo del internet donde se escapan al control de los adultos, absorbiendo información, que de alguna manera interpretan a su manera, incluyendo la multiplicidad de juegos con descargas preocupantes de violencia, que se ven exteriorizadas en sus diversos estados de comportamiento; tanto así, que hoy en día se observa de forma popular, a menores con traumas de bipolaridad y comportamientos similares.

En este contexto es bueno subrayar, que el ámbito escolar también se ha visto afectado con el tiempo, toda vez que, algunos educadores y/o profesores carecen de credibilidad y confianza por parte de los niños y jóvenes, siendo temerosos para corregir un comportamiento inadecuado por parte de éstos, aduciendo evitar ser agredidos por estudiantes o por sus padres que no ven con buena cara, la exigencia educacional que se le brinda al menor, aclarando que la metodología educativa debe estar enmarcada por las normas establecidas por la ley colombiana, evidenciando la pérdida de esta línea de respeto hacia los adultos, o en su defecto, no lo han aprendido desde su hogar.

Vale la pena agregar que, un menor de 12 y 13 años ya tiene percepción de lo que está mal y de lo que está bien, por ende, no hay excusa aceptable para los delitos graves. Aunado a ello, la ausencia de valores que los catapulta a realizar actos que ponen en riesgo su proceso de desarrollo, así como su futuro en la sociedad, dejando como motivo de reflexión que algo está fallando y es necesario aportar en estrategias de inmediatez que minimicen el daño que se podría generar para la sana convivencia y seguridad de la región. DIOS Y PATRIA.

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