Contrición

El acto de contrición debe ser franco, espontáneo y sentido. Pedir perdón debe ser una manifestación de sincero arrepentimiento que conlleva la aceptación del hecho reprochable y la firme promesa de no repetir el comportamiento. En este proceso, la empatía juega un papel primordial. Si el responsable del daño no logra entender el dolor ajeno provocado por su conducta, el pedir perdón es un acto vacío, vil y revictimizante. En otras palabras, una burla a las víctimas.
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La Corte Suprema de Justicia en un fallo histórico ordenó que, entre otras cosas, el Ministro de Defensa deberá presentar disculpas por los “excesos de la fuerza pública” en especial los del Esmad, cometidos durante las protestas desarrolladas a partir del 21 de noviembre de 2019. El ministro Holmes Trujillo, en un acto soberbio e irrespetuoso con la Justicia, anunció que el gobierno acudiría a la Corte Constitucional para solicitar la revisión de lo ordenado por la CSJ. Además manifestó enfáticamente que “el Esmad no incurre institucionalmente en excesos”.

Pero, Dilan Cruz de 18, fue asesinado el 25 de noviembre de 2019. Anderson Arboleda de 19 fue asesinado el 19 de mayo, Javier Ordóñez de 48 fue asesinado el 8 de septiembre de 2020, Jaider Fonseca de 17, Julieth Ramírez de 18, Angie Baquero de 19, Fredy Mahecha de 20, Andrés Rodríguez de 23, Germán Fuentes de 25, Lorwan Mendoza de 26, Cristián Hernández de 27, Cristian Hurtado de 27, Julián González de 27, Gabriel Estrada de 31, asesinados entre el 9 y 10 de septiembre, son todas víctimas de la fuerza pública que, según el Ministro Trujillo, no incurre en excesos.

Y para sus familiares: dolor y olvido. Ni siquiera una ínfima muestra de empatía por parte de un Gobierno que cree que reconocer “excesos” o “errores” es perder. Un gobierno que cada día se desconecta más de la realidad y se crea “Polombias imaginarias” donde nada pasa, donde el problema no es acá, sino su vecino, la “neo-socialista” Venezuela. Un Gobierno que ante Naciones Unidas vocifera a favor de valores democráticos pero al mismo tiempo estigmatiza a su juventud, la persigue y la tortura, buscando quien sabe qué, tal vez amilanarla, acobardarla, arrodillarla. Porque la gallardía, según ellos, es de la fuerza pública, -como reconoció con júbilo el presidente Duque-, nunca de la juventud que se resiste a dejar de soñar con una Colombia que no dé miedo, con una Colombia donde se pueda pescar de noche.

Después de las vergonzosas declaraciones de Holmes Trujillo donde desconocía los excesos del Esmad, el 24 de septiembre con el fin de cumplir lo ordenado por la Corte Suprema, manifestó erráticamente que ya había pedido perdón –no sincero- el 11 de septiembre por el homicidio de Javier Ordóñez. Es decir, ¡para qué repetir!

Sin embargo, nada se dijo sobre Dilan o sobre Julieth o sobre Juliana a quien el Ejército asesinó el 24 de septiembre en el Cauca. Es como si un pedido de perdón generalizado lograra llegar a todas las víctimas y a los familiares que han perdido a sus seres queridos, y sanarlos, así, sin más. Pareciera que para el Gobierno es más fácil perder a un hijo, a un hermano, a una esposa o esposo, a un padre que pedir perdón. Ojalá que el desacato a la orden de la Corte Suprema no se quede en el limbo de los justos, dónde estarán seguramente las víctimas de la fuerza pública esperando Justicia.

 

DANIEL FELIPE SOTO MEJÍA

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