Uno de los episodios memorables de Cien años de soledad fue cuando el recién nombrado corregidor de Macondo, don Apolinar Moscote, llegó al pueblo y como primera disposición, ordenó que todas las casas fueran pintadas de azul. Apenas se enteró José Arcadio Buendía, entró en cólera y sin importarle que la nueva autoridad había sido designada por el Gobierno Conservador, le advirtió que no podría obligar a la gente a soportar ese azul partidista y que en Macondo, dijo “no necesitamos ningún corregidor porque aquí no hay nada que corregir”.
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En Ibagué, nuestro Apolinar Moscote insiste en pintar la ciudad de Azul, como si los colores de la bandera tuvieran que ser corregidos. Parecieran decisiones absurdas sacadas de la ficción literaria; sin embargo, y fuera de toda escena cómica, es real, como las obras de Gabo. La administración de Andrés H. se ha empeñado como política de gobierno tornar los colores Amarillo, Verde y Rojo de la bandera de la ciudad, por un anacrónico azul. Cómo si las ideas políticas se difundieran con colores primarios. 

Primero, pintó de azul los parques de la ciudad, luego iluminó de azul la Alcaldía. Siguió con el panóptico, luego la concha acústica y así continuó por toda la ciudad tiñéndola del azul conservador. Incluso, en la Plazoleta Darío Echandía, un gran liberal, modificó el letrero que tanto han querido los ibaguereños y lo tachó con azul. Luego, con explicaciones exiguas negaron la autoría de su arte. Tan vergonzoso es el hecho que ni se atreven a poner la cara.

Y ahora, las últimas hazañas del pintor azulejo son en el Estadio Manuel Murillo Toro, otro gran liberal. No sé, tal vez lo que pretenda Andrés H. es que el coloso de la 37 sea ahora la sede de Millonarios y no hayan socializado las nuevas decisiones a los Ibaguereños. O probablemente el vinotinto y oro, será ahora azul de metileno. Esperemos a ver.

En todo caso, el problema no es el color azul, sino lo que significa para ellos y lo que pretenden signifique para nosotros. Una burla al fuerte arraigo y tradición libertaria que ha tenido el Tolima. Estas tierras fueron la partera de historias de lucha, dignidad y rebelión. Desde la Cacica Dulima, Tulio Varón a librepensadores progresistas que lograron grandes transformaciones para el país, Murillo Toro, José María Melo, Darío Echandía, López Pumarejo, por mencionar algunos pocos. Hoy esa tradición está siendo borrada por un gobierno retrógrado, elegido tan solo por el 9% de los Ibaguereños pero sufrido por todos. 

Ojalá que algún José Arcadio Buendía, de esos que aún se resisten a los años de soledad, pueda hacer retomar el rumbo de una ciudad que iba por buen camino, pero que ahora se dirige a ser la pitufilandia de Colombia. 

Las únicas obras y proyectos que están andando son todas heredadas. Lo único de autoría propia de esta administración son los anhelos perversos de llenar la ciudad de Azul. Esperemos que las intenciones solo sean de pintura, falta no más que también el himno de la ciudad de Ibagué, compuesto por el Maestro Jorge Arturo Villegas y Edna Victoria Boada, sea cambiado por la insufrible AZUL de Cristian Castro.

DANIEL FELIPE SOTO MEJÍA

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