Cuando la intolerancia cunde

Todo lo que hagan los mayores, y muy especialmente quienes representan una autoridad, constituye un ejemplo para el resto de las personas, que termina imitándose, cuando no justificando conductas similares.

Esta es la razón por la cual los excesos intolerancia y la agresividad se imponen. Se reacciona con brusquedad, con provocación, con ofensa y hasta con violencia manifiesta, en donde el autocontrol se disipa y la agresión aparece.

Lo ocurrido al sacerdote Carlos Emilio Morales en Medellín, cuando tomó una calle en contravía y fue advertido por los transeúntes del lugar, quienes recibieron una respuesta desatinada, altanera y grosera, deja ver en claro el mal ejemplo a que estamos acostumbrados observar en los sitios públicos. Unas veces son determinados políticos o funcionarios, otras profesores, otras personas con alguna representación y con determinada formación.

Todo se va haciendo costumbre y si existe alguien que lo hace, también hay otro que está dispuesto a repetirlo.

La forma de reaccionar constituye una conducta que retrata la personalidad del individuo. Cuando la formación ha tenido una buena dosis de agresividad, esa conducta se repite en el entorno y la mayoría de las personas se acostumbran a reaccionar en igual o peor forma, convirtiéndose el escenario social en una situación en donde la capacidad para agredir se convierte en conducta que se admira y se imita.

Aquí es donde encontramos que los esquemas de formación familiar y académica tienen que sufrir un replanteamiento, en donde sea posible implantar la no agresión como un estilo de vida, como un valor insustituible y como una virtud que debe defenderse con humildad, con claridad conceptual y con ética.

Y nos hemos referido solo a la agresión verbal, pero ¿qué decir de la física, cuando es posible contemplar toda clase de lesiones personales y desenlaces fatales, porque a alguien se le dio la gana de imponer la fuerza bruta sobre cualquier otra reacción?

Al paso que vamos, vamos mal; y por eso es que figuramos en la lista de los países con más violencia en el mundo, y por eso también es que la calidad de vida desciende dramáticamente, porque la sociedad avanza sin civilización y porque la conducta de las personas se distorsiona, se degenera y se malogra.

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