El Nobel de Paz y el hambre

Este año la academia sueca encargada de otorgar los premios Nobel, ha querido enviar un claro mensaje al mundo al concederle el galardón al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, en una expresa referencia al compromiso que tiene el mundo para atender a los millones de seres, que con motivo de la pandemia han entrado al rango de la pobreza extrema, lo que quiere decir que el hambre los ataca y que su condición de desamparo los coloca en condición de vulnerabilidad, y por lo tanto en peligro de muerte, ante la incapacidad de poder proporcionarse los mínimos requisitos de subsistencia.
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Y, no es una simple buena intención la de la ONU, pues a través del programa ha sido posible asistir a 97 millones de personas en 88 países, distribuyendo en el año 15 millones de raciones de comida.

Este año, con motivo de la pandemia que ha atacado al mundo entero, nos encontramos frente al fenómeno de un fuerte incremento del desempleo, que ha atacado aún a los países más desarrollados como lo son Estados Unidos y el área de Europa, lo que nos hace pensar en que las naciones más pobres han incrementado sustancialmente sus angustias, al encontrarse con que su población desarraigada se ha multiplicado, y con ella las necesidades básicas de alimentación y atención en salud.

En Colombia este programa atendió el año pasado a 1,5 millones de personas, y tal como se presentan las cosas, es probable que para este año esa cifra tiene que multiplicarse por tres, ya que no solo se debe atender a los nuevos casos derivados del desempleo, sino a la población de venezolanos que por miles entran diariamente a Colombia en situación paupérrima.

El propio Dane ha dicho en estos días que en Colombia la pobreza está afectando a 17,5 millones de personas y que esa cifra es creciente en la medida en que la pandemia persista y ataque cada vez más a un mayor número de la población.

El mensaje entonces es muy concreto y compromete no solo a los gobiernos, sino a los empresarios y a todas las personas que puedan contribuir para atacar este fenómeno de la pobreza extrema, pues la solidaridad debe hacerse sentir en toda su amplitud, pues el problema es de hambre.

Pero, en igual forma, los organismos de control tienen que activarse al máximo, pues ya tenemos demasiados casos de corrupción cuando se habla de inversiones para atender la pandemia. Si no es posible detener a tiempo a los corruptos, ellos harán la fiesta, mientras la gente se muere de física hambre.

EDUARDO DURÁN GÓMEZ

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