Los santos inocentes

29 Dic 2018 - 3:01am

Los santos inocentes

Publicada por
MARIO GARCÍA ISAZA C.M.
Autor:

Conserva nuestra liturgia, entre las celebraciones que vienen después de la Navidad, la fiesta de los santos inocentes. En El Tiempo de hoy, una columna suscrita por Moisés Wasserman trae algunas consideraciones acerca de los fundamentos históricos que pueda tener esta conmemoración de un hecho que sólo consta en el Evangelio de San Mateo.

Escuché, hace pocos días, la larga conferencia que dictó el muy diserto intelectual y escritor Doctor Jesús Vallejo Mejía en el Centro Cultural Cruzada, sobre el tema de la ideología de género; leí, después, y he releído varias veces, la columna que él mismo publicó en el periódico virtual “Debate”, y que presentó con un título que, creo yo, nos cuestiona e interpela: “De la Iglesia militante a la Iglesia claudicante”. Y hoy me llega un correo que encuentro profundamente sugestivo, y del que extracto: “Los católicos conmemoramos a los niños asesinados por Herodes en la conocida como matanza de los Santos Inocentes. Por analogía, hoy podemos considerar Santos inocentes también a esos centenares de millones de niños que han sido asesinados en ese holocausto silencioso llevado a cabo en sofisticadas salas de despiece: el aborto.

”Traigo a cuento todo lo anterior como una forma de compartir, como me gusta hacerlo, con mis cohermanos y mis amigos, las preocupaciones que me asaltan, las reflexiones que se me ocurren a propósito de todo lo que tiene que ver con nuestras convicciones, nuestras certezas, nuestros principios y nuestra responsabilidad pastoral.

Tengo que confesar que el citado artículo del Doctor Vallejo me llegó hondo. Más de una vez he expresado un interrogante que me punza dolorosamente : ¿no habremos perdido, o peor aún abandonado por negligencia o por miedo, la dimensión apologética de nuestra misión como bautizados y como ministros de la Iglesia? ¿No estaremos incurriendo en la actitud de los perros mudos incapaces de ladrar, de que habla la Escritura? (Is. 56,10) ¿Somos suficientemente claros para abordar temas de ética cristiana, de ley natural o de dogma, y serenamente audaces para controvertir, con la doctrina de la Revelación y del Magisterio, las heterodoxias que hoy, soterradamente unas veces y otras de manera insolente, atacan lo que profesamos y amamos?

Frente a temas como la ideología de género, dentro de la cual se prohíja y estimula el aborto, se resquebrajan los fundamentos de la familia, se desfigura la naturaleza misma del ser humano, del hombre y de la mujer, ¿no habremos sido hasta ahora de veras claudicantes? Bueno es que católicos como el doctor Vallejo nos interpelen con reflexiones como las siguientes, que tomo de su artículo en el periódico Debate, y que, sin duda, revelan una muy legítima preocupación .

“La firmeza que antaño exhibía la Iglesia militante, ha derivado en una distensión proclive a las claudicaciones.

Ello es palmario en los Estados Unidos y en la Europa Occidental, o en la Compañía de Jesús…. Y lo padecemos entre nosotros. Los ejemplos abundan… Encontramos párrocos que rechazan las imágenes con argumentos luteranos, o niegan verdades católicas…y establecimientos educativos patrocinados por la Iglesia que en lugar de entronizar a San Agustín o a Santo Tomás… rinden culto a Marx..o a Nietszche… Qué decir del silencio de la jerarquía eclesiástica ante la imposición torticera de la ideología de género como normatividad constitucional en el NAF (Nuevo Acuerdo Final)? Dizque en aras de la paz con las Farc se dejó pasar, sin que mediase debate alguno, una formulación de principios encaminada a destruir la familia, que es la obra maestra de la civilización cristiana”.

Puede uno encontrar en el escrito que estoy comentando, afirmaciones o generalizaciones que sería necesario matizar o discutir. Pero creo que, en el fondo, desnuda una realidad que nos llama a la reflexión. Máxime cuando el escritor remata con frases como ésta, que muestran su diamantina actitud:

“Fieles a la promesa evangélica, aprestémonos más bien a orar por su unidad y su santidad (de la Iglesia) de modo que la crisis que ahora padece no traiga consigo su disolución, sino un nuevo nacimiento…” ¡Que los Santos Inocentes nos alcancen esta gracia!.

Deseo y pido a Dios para todos mis amigos una lluvia de bendiciones y gracias de todo género en el 2019.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.