Látigo político

Mientras en otras regiones, el centro actual de la política se centra en la discusión relacionada con el avance en materia de salud y educación, movilidad, servicios públicos, integración regional, entre otros temas, en el Tolima seguimos lo mismo que antes.

Dolorosamente, en nuestro Departamento sólo se percibe una infinita mediocridad política que sin esfuerzo traspasa serenamente los años, en esta región que un costumbrista tolimense limitó entre el río y la pampa. Las noticias políticas destacadas en los últimos días se refieren al regaño que un Jefe liberal le propinó a un candidato a la Contraloría Departamental por asistir a la fiesta de cumpleaños de otro dirigente electoral: ¡Válgame Dios! Y la otra noticia, por los mismos lados, se refiere al pronunciamiento de un jefe electoral, según el cual si el Gobernador electo no lo llama, ni lo necesita, pasarían con su colectividad a la oposición. ¡Increíble tanta mediocridad política!

Los mensajes de estos trascendentales hechos políticos en el Tolima traen tristes conclusiones. Para arrancar, se comprueba que en la región todavía permanece intacto en algunos partidos, el estilo feudal de hacer política, o sea, con látigo en mano por parte del gamonal y con la sumisa complacencia y obediencia del siervo sinvergüenza. Parece que ese estilo, en el mismo personaje, no sólo queda en los gritos, airados insultos y regaños públicos, sino que a veces también llegan al castigo físico del súbdito, por ejemplo, una sonora bofetada: ¡que miedo! Cuentan que de eso y mucho más se da frecuentemente por dichas toldas. En relación con los contralores, queda evidente que en la mayoría de los casos, el Contralor no controla, sino que es controlado por los gamonales y, ahora último, por los gobernantes de turno; y la mayoría de las veces por los dos al mismo tiempo. ¡Quién lo creyera! Los contralores son los controlados por los gobernantes que tienen legalmente que controlar y, obvio, por sus propios gamonales. Así: ¿sirven para algo los contralores?. Y, ¿cómo se llama el actual Contralor departamental? ¿Dónde vive?. (Para no hablar de la Contraloría de Ibagué).

Lo otro también pertenece al estilo tradicional del ejercicio de la política en el Tolima, que tanto daño nos ha causado. Si el gobernante no llama al gamonal electoral y, sobre todo, si no le ofrece buenos puestos y contratos, pues el gamonal con látigo en mano ordena a su bancada sabotear la gobernabilidad, y esta, sumisa, le cumple en hacer oposición con la nociva pretensión de doblegar al gobernante, y obligarlo a negociar prebendas. Es decir, el derecho constitucional, sustento esencial de la democracia, de hacer oposición frente a un programa o un estilo de gobierno que no se comparte, y que conduce a presentar una opción alternativa tanto conceptual como programáticamente, pues en el Tolima vale huevo. O sea, la física prostitución -disculpas por la frase- de la política: la venta al mejor postor. La supuesta oposición termina cuando el gobernante otorga puestos y prebendas. Y punto. Y el látigo de los ­gamonales electorales continúa azotando, sin piedad, a un buen número de vasallos tolimenses. Pobre Tolima.

Credito
Camilo A. González Pacheco

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