Polarización y democracia

Como pocas veces en la historia patria, el país registró la semana pasada una interesante polarización político-institucional, en la que más que instituciones, controvirtieron personas en representación de aquellas: El Procurador que divide el país cuando deslegitima cualquier propuesta legislativa o de paz, contraria a sus concepciones.

El Fiscal, enfrentado de una contra todos en todo. El Presidente de la Corte Suprema hablando en nombre propio. El Ministro del Interior como vocero del Gobierno nacional, y varios representantes de los partidos, ellos sí, con legítima vocería de sus organizaciones políticas.

Dicha polarización política institucional, se tramitó con altura constitucional y partidista, por cuanto giró alrededor de propuestas de reforma constitucional, en el marco cerrado del Congreso: independencia de poderes, tribunal de aforados, rama judicial, reelección, -entre otros temas- debates que se presentaron, en algunas ocasiones, con bastante vehemencia verbal y conceptual. La polarización se resolverá con el conteo final de votos, en este caso, con los votos de los congresistas.

Pero, dicha polarización –obvio, interesante- constituye la de menor intensidad en estos campos. De forma ascendente (hablando de polarizaciones), sigue la política, que se puede y debe expresar electoralmente. Luego la social. Y por último, la más seria: la política social, que muchas veces origina cambios estructurales e institucionales serios y duraderos en la estructura de la sociedad y el Estado.

Afortunadamente vamos pasando normalmente la político institucional. Pero, la polarización que se avizora, difícil y por demás complicada, que será políticamente relevante se dará alrededor de las decisiones finales que se acuerden en La Habana dentro del proceso de paz con final feliz.

En especial, -claro está que existen otros tantos puntos importantes- en lo pertinente con el futuro inmediato de los integrantes de la Dirección de las Farc. En concreto: ni un día de cárcel y participación inmediata en la política nacional, conforme vociferan los farianos, o cárcel e inhabilidad para participación política, como lo sostienen sectores apegados a una estricta interpretación hermenéutica de la Constitución, las leyes y normas internacionales.

Lo trascendental de las polarizaciones políticas para la vigencia de la democracia, radica en que al final se diriman mediante los mecanismos democráticos de las mayorías o el consenso. La institucional se resuelve con los votos de los congresistas. Los asuntos relativos al proceso de paz, -que ojalá culmine pronto- con la participación electoral en la refrendación o negación de los acuerdos.

En ese escenario, -terminación exitosa del proceso- los partidos radicalizarán sus posiciones. La opinión pública jugará papel relevante. Ciertos sectores sociales se movilizarán de acuerdo a sus visiones de futuro. Y el debate, se avizora serio, sustentado, parsimonioso y largo. Ojalá sin sobresaltos violentos que amenacen con su continuidad.

Es decir, presenciaremos –si las cosas culminan conforme a lo previsto- un verdadero acontecimiento de democracia participativa, quizás de los más significativos en la historia de Colombia. Enhorabuena. De ahí para adelante, sólo queda avanzar en resolver la polarización social. Ni más ni menos.

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