Censura y manipulación

Héctor Manuel Galeano Arbeláez

Increíble que una editorial española de tanto prestigio en Hispanoamérica como Planeta, se arrodille ante el poder del clan Char, parece un cuento macondiano. Después que la periodista y escritora Laura Ardila durara más de cuatro años investigando las dimensiones del poder del Clan Char en la costa atlántica, describiendo sus prácticas clientelistas, la corrupción en la contratación, las maquinarias electorales y la pasada historia de Barranquilla cuando fue cooptada por el narcotráfico y el paramilitarismo, a todo lo cual se agrega el último capítulo que relaciona el clan con la exparlamentaria Aida Merlano, la editorial, que siempre estuvo monitoreando el avance de la investigación, que le dio su visto bueno y recibió la versión final para su publicación, hoy le dice que su libro no será publicado y da como razón que no podían asumir el  riesgo de una posible demanda por daños morales.
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Este argumento de acuerdo con las declaraciones de la autora del libro no tiene fundamento porque según el contrato firmado con Planeta es ella quien debía responder ante una eventual demanda contra la publicación, que además reúne todos los estándares que requiere una historia de interés público como la del clan político de los Char, al decir de la periodista de Cambio Ana Bejarano.

Con razón renunció el director literario del Grupo en Colombia y Ecuador Juan David Correa y a ello se une la avalancha de críticas a la editorial a través de todos los medios y la solidaridad con Laura Ardila, creo sin embargo que la mejor manera de protestar sería no volviendo a comprar ningún libro de Planeta. Esa si sería una forme efectiva de decirle no a la censura y al sometimiento de la libertad de expresión al poder del dinero y de la corrupción, al privilegio que tienen los poderosos de controlar que se dice y que se calla.

En estas últimas semanas se ha visto la reacción de periodistas y escritores independientes, frente al fenómeno del periodismo fletado que hoy practican los principales medios de comunicación, controlados por los dueños del país, dedicados como nunca a trasmitir información carente de veracidad, tendenciosa, con un solo punto de vista, orientada lógicamente a sembrar malestar, a polarizar y en definitiva a magnificar los errores del actual gobierno, minimizando los aciertos. Están utilizando el periodismo para manipular la opinión, para proteger sus intereses, pero esa burda estrategia ya la está rechazando esa misma ciudadanía que tiene derecho a recibir información veraz y los periodistas independientes que conocen y practican el deber de suministrar información verdadera.

HÉCTOR GALEANO ARBELÁEZ

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