Armas químicas y no convencionales

16 Abr 2017 - 3:01am

Armas químicas y no convencionales

Publicada por
PABLO ISAZA, M.D.
Autor:

Reaparece el fantasma de las armas químicas a raíz del ataque con armas de esta naturaleza a civiles indefensos en la martirizada Siria.

Los agentes químicos, virus y bacterias para derrotar al enemigo han sido utilizados por el hombre desde hace muchos años. Una revisión del uso de bacterias como arma para causar daño colectivo se puede remontar al uso que daban los romanos a cadáveres en descomposición arrojándolos a las aguas para consumo humano de ríos y lagos en los territorios que eran ocupados. En el siglo XIV, durante la segunda gran epidemia de peste bubónica, la armada Tártara lanzó cadáveres infectados catapultándolos sobre las murallas de las ciudades enemigas. También están documentados episodios durante la conquista de Norteamérica, en la que los soldados británicos distribuyeron entre las tribus indígenas mantas que habían sido usadas por enfermos de viruela y causaron una alta mortalidad. Igual hicieron los españoles con los aztecas.

En relación con el uso de las armas químicas, durante la Primera Guerra Mundial las tropas alemanas utilizaron gases (cloro) para causar daños al enemigo. El gas se liberaba de unos recipientes cilíndricos y formaba nubes sobre las posiciones enemigas. Se tiene documentado que el primer ataque tuvo lugar el 22 de abril de 1915, que causó 20.000 bajas, cinco mil de ellas fatales. Más tarde, los ingleses utilizaron este mismo tipo de armas químicas. En 1917 los alemanes empezaron a emplear granadas de “gas mostaza” durante la Primera Guerra. Este se produce a base de sulfuro de etilo diclorado. Su nombre se debe al fuerte olor que desprende, parecido al de este condimento. Es un gas tipo vesicante que se absorbe por la piel y causa quemaduras, ampollas, lesiones en los ojos y daños en pulmones y genitales.

También fue usado el “gas sarín”, descubierto por los alemanes y clasificado dentro de los agentes “paralizantes y gases nerviosos”. Se absorbe por inhalación o por contacto con la piel. Sus efectos son sobre el sistema nervioso, la coordinación muscular y las funciones visuales y respiratorias. Al terminar la Primera Gran Guerra los gases tóxicos habían causado un millón 300 mil bajas, de las que 92 mil habían sido fatales. Se utilizó 124 mil toneladas de gases por los bandos enfrentados.

El “gas sarín” utilizado en Siria es un agente nervioso. Estos son los agentes químicos más tóxicos y de más rápido efecto que se conocen. El sarín fue desarrollado originalmente como pesticida en 1938 en Alemania. Es un líquido claro, incoloro e insípido que no tiene olor en su forma pura. Sin embargo, el sarín puede convertirse en vapor (gas) y propagarse al medio ambiente. La exposición al sarín produce pérdida de la conciencia, convulsiones, parálisis y falla respiratoria que posiblemente lleve a la muerte.

Fuera de las armas químicas y biológicas están las nucleares. La primera potencia mundial cuenta no con cientos sino con miles de ojivas nucleares. Es de esperar que la serenidad, la prudencia y la mesura de su actual Presidente eviten un holocausto nuclear.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.