El médico que escribía historias policiacas

13 Ene 2019 - 3:01am

El médico que escribía historias policiacas

Publicada por
PABLO ISAZA, M.D.
Autor:

No es raro encontrar en la literatura universal médicos que además de su profesión cultivaron con éxito la literatura. Sería interminable mencionar a todos aquellos profesionales de la medicina que luego de haberse graduado optaron por la literatura; o quienes en una etapa avanzada de sus estudios encontraron su vida en la escritura; es el caso del irlandés James Joyce (Ulises) o Bertolt Brecht, el dramaturgo alemán. Aquí nos referiremos a un médico escoses que encontró en la novela, cuentos policiaca y de misterio su consagración; es por esto conocido universalmente si bien descolló como médico.

Nuestro escritor medico nació en Edimburgo, Escocia, el 22 de mayo de 1859. Falleció el 7 de julio de 1930. Asistió a la Universidad de Edimburgo desde 1876 hasta su graduación en 1881. En aquellos días, la educación médica consistía principalmente en conferencias. Había muy poca formación “práctica”. De esta formación dijo en alguna ocasión que “la médica era una larga y cansada rutina en botánica, química, anatomía, fisiología y toda una lista de materias obligatorias, muchas de las cuales tienen una relación muy indirecta con el arte de curar. Todo el sistema de enseñanza, tal como lo veo, parece demasiado oblicuo y no lo suficientemente práctico para el propósito que se persigue” Quería que fuera más investigativo.

De una manera coincidencial, la Universidad de Edimburgo lo preparó como autor. Allí conoció al Dr. Joseph Bell, quien tenía algunos métodos bastante inusuales para obtener información personal de sus pacientes. El Dr. Bell observaba la forma en que una persona se movía. Por ejemplo, el paso de un marinero variaba enormemente del de un soldado. Si identificaba a una persona como marinero, buscaba cualquier tatuaje que le ayudara a saber a dónde le habían llevado sus viajes. Se entrenó a sí mismo para escuchar las pequeñas diferencias en los acentos de sus pacientes para ayudarlo a identificar de dónde eran. Estudiaba las manos de sus pacientes porque los callos u otras marcas podían ayudarlo a determinar su ocupación. En resumen, era un médico investigador. Una vez graduado viajó a la India como médico de tripulación de navío. Tanto en su travesía como en la India observo, estudio y aprendió lo que también serviría para su carrera de escritor.

Sin dar más vueltas, daremos la identidad de quien hablamos: se trata del Dr. Arthur Conan Doyle, creador del famoso detective Sherlock Holmes inmortalizado en un sinnúmero de historias, cuentos y novelas de misterio (crímenes de todo tipo, asesinatos, secuestros, extorsiones), que siempre resolvía con todo éxito. En 1890 su novela ‘A Study in Scarlet’ (Un estudio en Scarlet), introdujo el personaje del detective Sherlock Holmes. Doyle escribiría sesenta historias sobre Sherlock Holmes. También se esforzó por difundir su fe en el espiritismo a través de una serie de libros que fueron escritos desde 1918 hasta 1926. Doyle murió de un ataque al corazón en Crowborough, Inglaterra, el 7 de julio de 1930.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.