De “tumbis” a fiesta de solidaridad

libardo Vargas Celemin

Ibagué, pareciera estar signada por un hado que se interpone, cuando se intenta sacar avante proyectos que conciten el interés general. Están frescas las heridas y el sentimiento de impotencia que generó el robo descarado de los Juegos Atléticos del 2015, por la corrupción y la ineptitud de los personajes que estaban al frente del certamen y con la tolerancia de una comunidad apática. 
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La semana anterior, nuevamente fuimos víctimas de otro acto que enloda la credibilidad de la ciudad, por la irresponsabilidad de unos advenedizos que nos engañaron con “la realización del evento más importante en la historia de Ibagué” con asistencia potencial de 150,000 personas y más de 100 artistas internacionales, oportunidad para estar, como lo afirmó la Secretaria de Cultura “ante los ojos del mundo”, pero no fue solamente ante los ojos, sino que el desprestigio voló de boca en boca y de oído en oído resaltando este fiasco lleno de especulaciones, porque hasta ahora no hay una explicación seria de los reales motivos por los que se “aplazó” este certamen.

La atávica actitud genuflexa que tenemos ante los foráneos posibilitó el engaño. La Alcaldía debe aclarar cómo dio autorización para el festival, cuando se habla de que no se cumplieron recomendaciones, pero sí se firmaron los permisos. Si bien los organizadores tenían una experiencia de haber efectuado seis festivales desde el 2012 sin contratiempos, pero fueron en espacios más reducidos y con menor asistencia, según el portal Infobae.

El aplazamiento, o mejor, la cancelación, porque no creo que se vuelva a creer en ellos, que produjeron pérdidas millonarias, motivados por las expectativas publicitarias que calaron en comerciantes, emprendedores, pequeños vendedores y por supuesto, quienes adquirieron las boletas nada económicas para compartir con la ola de turistas que nos iban a invadir, pero que se quedaron con la indignación producida por las artimañas de unas pocas personas que se llevaron un botín de nuestra reactivación  económica. 

Con la noticia Ibagué se despertó de su letargo y en cosa de unas pocas horas, las emisoras y las redes sociales tocaron la sensibilidad de los habitantes de la ciudad y se movilizaron para colaborar con los damnificados de la estafa, mediante la compra de sus productos. A esta campaña se sumaron las autoridades y renació la esperanza. Los sitios donde se expendía estos alimentos y bebidas se llenaron de compradores, se realizó un concierto apoteósico en Arkacentro, mientras tanto el Festival Nacional de la Música concluyó con éxito y sin esnobismos.

La solidaridad fue la palabra bandera y esta movilización mereció el reconocimiento de turistas desparchados y de algunos ibaguereños que, con entrada en sus bolsillos, cambiaron el reggae por la salsa de “La treinta y tres” y los bambucos colombianos.

Libardo Vargas Celemin.

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