La embarrada de los “anatolios”

La declaratoria de inexequible a la reforma del Artículo 124 de la Ley 2559 del 12 de noviembre, por parte de la Corte Constitucional por “violar flagrantemente la reserva de Ley Estatutaria y el principio de unidad de materia” es quizá uno de los más grandes fracasos jurídicos de este gobierno que, sistemáticamente impone su poder, gracias al contubernio con las mayorías del congreso, sin escuchar a la oposición y a los expertos en la materia, creyendo que el hecho de ser la cabeza del poder ejecutivo, le permite disponer de las normas constitucionales como si fueran memorandos de su despacho.
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La forma circense en que fue aprobada la reforma a la Ley de Garantías es el ejemplo palpable del desconocimiento que la mayoría de congresistas tienen de los procedimientos y la normatividad de la legislación colombiana. Gracias a esta sentencia revivimos la figura de Anatolio Hernández Lozano, Representante a la Cámara, quien fue protagonista en la última sesión donde se aprobó tal adefesio, porque adormilado preguntaba a sus compañeros cómo debía votar, mientras los gritos de la presidenta de la Cámara, le exigía en plena sesión que votara por el “Sí”. Este ejemplo ramplón de la manipulación descarada con que se aprueban las leyes en nuestro de país, se transmitió por la televisión nacional y Anatolio se convirtió en el símbolo de la ineptitud de quienes legislan. Este descalabro tiene graves consecuencias económicas, éticas, sociales y de credibilidad de un presidente que ostenta el título de abogado, pero no maneja los conceptos básicos del trámite de una norma ante el Congreso o los elude conscientemente para alcanzar sus intereses. 

Los daños propiciados por esta suspensión son incuantificables. La propia Contraloría General de la República habló de 645.495 contratos, por más de $53.3 billones de pesos y según los funcionarios de la misma se han encontrado una serie de prácticas perversas que incluyen violación de topes; falta del lleno de los requisitos legales y licitaciones amarradas. Aunque no están claros los mecanismos de devoluciones de los proyectos sin terminar, nos imaginamos ya la invasión de elefantes blancos por todo el país. 

Las suspicacias que giraban en torno a la financiación de determinadas campañas comienzan a evidenciarse y nadie cree en esa retórica de la transparencia. Surgen las demandas contra el presidente y los congresistas que votaron a favor de ese despropósito, pero el daño difícilmente se ha de reparar. Sin embargo, muchos de esos fariseos que se vendieron van a tener que responder. 

En el Tolima, la mayoría de estos “anatolios” recibieron su castigo electoral y no fueron reelegidos. Ojalá el continuismo reciba el mismo premio el próximo 29 de mayo, por semejante embarrada, porque ya es hora de que este país se sacuda.

 

LIBARDO VARGAS CELEMÍN

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