La naranja que no maduró

Hubo hace cuatro años un embaucador que se hizo elegir con proyectos como los de la economía naranja, para que fructificaran y fortalecieran un modelo de desarrollo, en el que la diversidad cultural y la creatividad fueran pilares de la transformación social y económica del país desde las regiones. Cuatro años después, ad portas de entregar su mandato, la comisión de empalme del próximo presidente plantea que “Todavía no está claro a que se refería el gobierno, cuando habló de economía naranja”.
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Algunos ingenuos creyeron que llegaba la redención para los sectores culturales que siempre han sido marginados. Pero llegó la pandemia y a los músicos les toco salir a los parques y barrios con sus parlantes a clamar solidaridad; los teatreros a representar sus tragicomedias; los escritores a llenar gavetas de obras inéditas, mientras otros artistas se reinventaron para no morir de hambre. La pandemia amainó, pero las naranjas no aparecieron sino en la publicidad engañosa de una cosecha, sin haber preparado los terrenos y realizado una verdadera pedagogía sobre su intencionalidad.

El balance que se hace desde nuestra región es una muestra significativa de lo que ha ocurrido con la famosa economía naranja. Para verdaderos cultores del arte, como el pintor y escritor Benhur Sánchez Suárez, lo que se sembró está enfocado hacia la exoneración de los grandes empresarios de la cultura y no a los verdaderos creadores. Por ejemplo, un escritor, más que apoyos para publicar sus libros, lo que necesita es una sociedad que lea, compre sus obras, las estudie y establezca una interacción con quienes aún creen en la palabra escrita.

Para Jenny García, integrante del Consejo Municipal de Cultura, lo que se ha hecho en Ibagué es el fortalecimiento de empresas privadas que, sin ser creativas, tampoco innovadoras, reciben las exoneraciones tributarias por albergar uno que otro acto cultural en determinadas zonas de la ciudad, mientras a cientos de verdaderos artistas no se les reciben proyectos por considerarlos que no encajan dentro de los parámetros de la famosa economía naranja.

Hugo Andrés Quintero, del Consejo Nacional de cine, igualmente coincide que la economía naranja no ha favorecido los desarrollos regionales y que su implementación solo ha llegado a determinados grupos, a través del funcionamiento de COCREA (Corporación Colombia Crea Talento) y, como si fuera una oficina de aduanas, se le asignó la tarea de seleccionar propuestas  que demuestren  productividad económica, sin  exigir  formación e investigación que se requiere para que la tierra fértil produzca las jugosidades del arte. 

Moraleja: la economía naranja solo produjo réditos para los de siempre, por eso los verdaderos artistas celebran que los próximos cuatro años sí van a florecer y a madurar no solo naranjas, sino toda la diversidad frutícola del país.

LIBARDO VARGAS CELEMÍN
Correo
lcelemin2@gmail.com

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