Incontinencia moral

Incontinencia moral
23 Mar 2014 - 2:01am

El 17 de diciembre de 2013 Julio Sánchez Cristo, en vivo por la frecuencia W Radio y refiriéndose al caso del alcalde Gustavo Petro, hizo a Juan Manuel Santos la siguiente pregunta: “Por acuerdos internacionales hay un escenario y es que se produzcan esas medidas cautelares, ¿Usted las acatará?”. Santos, como todo prócer respondió: “Por supuesto, porque es parte de mis obligaciones. (…) Si por alguna circunstancia se las dictan al Presidente de la República, yo estoy obligado a cumplirlas (…). Es lo que tengo que hacer inexorablemente como Presidente de la República, seguir unos procedimientos, para eso está nuestra Constitución, para eso están nuestras leyes.”

Esta cita demuestra dos cosas. En primer lugar, que los colombianos tenemos por jefe de la Casa de Nari a un mitómano en toda la extensión de la palabra, tanto que hay muchos entre los que bien lo conocen que advierten que “a Santos es muy difícil cogerlo en una verdad”. Acuérdense, para citar solo tres ejemplos, del millón de casas que iba a regalar; del “¿Cuál Paro Agrario?” cuando iban varios campesinos muertos en esas jornadas o de su mensaje reciente en Twitter donde aseguró que las exportaciones de lácteos a EE.UU. habían crecido el 158 por ciento, mentira que fue expuesta por el presidente de Fedegán, su socio y contertulio, José Félix Lafaurie.

En segundo lugar, la respuesta a la ‘W’ es una prueba suficiente de que Santos también sufre de incontinencia moral. En el caso Petro no solo mintió y engañó al alcalde, a los bogotanos y a todo el país, sino que prevaricó de manera olímpica. Él, Santos, a pesar de confesar que conoce muy bien lo que debe hacer por Constitución y por ley, faltó de manera grave a las obligaciones y deberes inherentes al cargo que desempeña.

Para desgracia del país este individuo aspira a reelegirse a la presidencia y no habrá razones de los intelectuales ni parágrafos de las leyes, ni misas al Dios de Colombia que lo detengan. Espero equivocarme pero esta olla en la que vivimos no tiene fondo.

Publicada por
JAIRO MARTÍNEZ