Miss Universo para el tercer mundo

Muchas son las razones por las que considero denigrante para las mujeres, los reinados de belleza, máxime si se trata de ese enorme negocio llamado Miss Universo, donde millones de dólares se ponen al servicio de la banalidad, la estupidez y el consumismo mundial, en nombre de falsos “patrioterismos”.

Muchas son las razones por las que considero denigrante para las mujeres, los reinados de belleza, máxime si se trata de ese enorme negocio llamado Miss Universo, donde millones de dólares se ponen al servicio de la banalidad, la estupidez y el consumismo mundial, en nombre de falsos “patrioterismos”. Por eso detesto esas transmisiones, donde presentadoras empalagosas, insisten en que la candidata nacional es la favorita y guardan silencio cómplice cuando la eliminan.

Me molesta el derroche que se da en las ceremonias donde el oro y la pedrería se fusionan con las sedas y los canutillos, para que esas pobres muchachas desfilen en la pasarela, como si se tratara de ejemplares amaestrados, que participan de la feria del cosmético y la cirugía plástica, sonriendo siempre al público, mientras sus piernas guardan un discreto equilibrio sobre sus enormes tacones.

Rechazo ese interrogatorio insulso al que son sometidas las finalistas, porque generalmente las preguntas son más estúpidas que las respuestas y solo buscan mostrar la ignorancia de las asustadizas mujeres, que siempre contestan con un lugar común como única forma de defensa.

No niego que el equilibrio morfológico de esos cuerpos, livianos de ropas y escasos de ideas propias, constituyen una expresión estética y simbolizan el imaginario de belleza que culturalmente nos han impuesto; pero prefiero a las otras beldades, a las que van sin parafernalia imperial, deambulando por las calles de las ciudades, ojeando prendas en los centros comerciales o discutiendo en los  campus universitarios.

Por eso la elección de Leila Juliana de Costa Vieira Lopes, con todo y ser una representante del tercer mundo; no cambia en nada mi percepción, por el contrario, me duele que, mientras el 51 por ciento de los angoleños no saben leer ni escribir; reciben uno de los ingresos per cápita más bajos del mundo y su expectativa de vida es sólo de cincuenta y un años; ahora se desborden con  el optimismo generalizado y la figura de esta hermosa mujer de ébano se convierta en el placebo que hipnotiza a la muchedumbre necesitada de este país, que aún no se ha repuesto de más de veinticinco años de guerra civil.

La agraciada Leila Juliana desde Londres, nada sabe de luchas y venganzas tribales de su país. En su inocencia afirma que, “como ella no puede cambiar el mundo, sí está segura que puede ayudar” y puede que se haga presente en varios  desfiles de beneficencia que no van a solucionar las profundas inequidades de su pueblo, porque este, así tenga Miss Universo, seguirá viviendo su dura realidad,  como lo cantó su poeta Agosthino Neto:
“Yo vivo En los barrios oscuros del mundo,

Sin luz, ni vida”


Credito
LIBARDO VARGAS CELEMÍN (*)

Comentarios