Carros y carritos

Superados los 35 años, la gente comienza a pensar que todo lo que hacían antes era mejor. En cuanto a carros se refiere, es posible. Miren si no los taxis “Almendrones” en Cuba: un imponente automóvil Buick modelo 1954, sigue circulando, y los coleccionistas gringos se lo disputan. Y como de lo poco que creó la Revolución fue un santuario de autos viejos, el negocio que se les avecina con el acercamiento, será formidable.

Y es que el carísimo, pequeñito, frágil e inseguro carrito que con sacrificios un amigo le regaló como gran cosa a su hijo, graduado ingeniero, sólo duró 33 meses. Y en ese tiempo hubo que cambiarle muchas piezas con obsolescencia programada por los impíos constructores. ¿Cambiarle el motor? Sale más barato comprar el carro nuevo. ¡El negocio es que no duren!

Pero hay que ver la publicidad que cautiva la credulidad del comprador: autos que fabricantes insinúan avivan el deseo sexual de las mujeres cuando los ven. ¡Ja!; que suben el estatus social; que dan plena felicidad a la familia; que hacen a su dueño popular. Y la estrategia funciona, porque, como dicen en España, ‘primero se acaba el helecho que los marranos’.

En 1941, la publicidad del cómodo y poderoso automóvil Nash era simple: “Insuperable. De 6 y 8”. Se refería al número de cilindros que le daban su fuerza.

Sí, los carros de antes eran ‘para toda la vida’. Hasta el feo Lada ruso, con la crítica: ‘tiene más fuerza un purgado’, eran máquinas sólidas y durables. Hoy, el vendedor raramente levanta el capó para mostrar un motor -cada día menos potente-, destaca el cuero de los asientos, boceleria, sensores, pantallas, bombillitos, hiperconectividad de mínimo uso, el malacate sacapeludo en los 4x4, ¡puro adorno!, y el costoso y nunca abierto ‘sunroof’, ventana corrediza en el techo que materializa el sueño de quien no puede comprarse un descapotable.

Necio sería abominar de las innovaciones tecnológicas en motorización, electrónica, economía de combustible, seguridad, ergonomía, materiales livianos, pero lo justo sería que todos estos adelantos vinieran dentro de una carrocería amplia, durable, con espacios interiores confortables y no la estrechez e inseguridad de ‘autos zapaticos’ de corta vida útil, que enriquecen más a los fabricantes, y que no admiten países desarrollados.

Y no hablemos de “nuevos modelos” que muchas veces son diseños envejecidos sometidos a un lifting -cirugía estética-: una farolita aquí, un adornito allá. Y precio arriba. El director de una revista especializada dijo: “nos mandan los carros como nos ven”. ¿Subdesarrollados?, ¿ingenuos?

Caídos en nostalgia automotriz, no olvidemos al ‘amigo fiel’ –confiable, durable, económico, aunque no seguro, ya que el único airbag con que contaba era el abdomen del conductor. Era tan familiar, que las señoras le hacían tejido de croché al timón y los asientos. Los niños lo llamaban el carro de Santa Claus, por aquello de Reno..l 4.

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