Un censo que recuerda los problemas del campo

Transcurrieron más de cuatro décadas para que el país tuviera un Censo Nacional Agropecuario que mostrara la realidad que yace detrás de más de cien millones de hectáreas potencialmente utilizables en labores agrícolas. Antes de que los primeros resultados de la encuesta se produjeran, los colombianos a fuerza de escuchar las noticias sobre las angustias y privaciones que acogen a la mayoría de los pequeños productores campesinos, ya se hacían a la idea de los resultados que iban a conocerse.

Los datos revelados no hacen más que confirmar la sospechada realidad: el cuarenta por ciento de los suelos están en manos de solo el 0.4% de los propietarios, que ostentan más de 500 hectáreas, al lado de que las tierras más degradadas y ubicadas en áreas afectadas por todos los cruces de conflictos, desplazamientos y victimizaciones de todo tipo, son las que le van quedando a los indígenas, afrocolombianos y pequeños campesinos. Mirando esta información, sin entrar en las precisiones que irán apareciendo, esta es la muestra de un fenómeno de concentración excesiva en la propiedad de la tierra en el mundo.

Aparecen otros datos, como que cerca del 80% del área utilizada se dedica a pastos, cuando la cantidad de cabezas existentes cabrían casi en la mitad de dicho terreno, si se mejoraran las prácticas ganaderas, lo que disminuiría el problema de contaminación que genera la actividad. Así mismo, menos del 20% del área se dedica a otros cultivos, cifra que muestra porque las importaciones de alimentos se han multiplicado; se muestra además, que un poco más del setenta por ciento de los jóvenes del sector entre los 17 y 24 años no tiene acceso a la educación.

Basta con leer sin mucho esfuerzo interpretativo, para entender que la verdad del agro colombiano es muy difícil y que esta situación no proviene solamente del conflicto interno y de factores internacionales, se nota que los primeros ausentes han sido el Estado y sus sucesivos gobiernos, que han relegado el sector. Un caso diferente es el del Perú, ellos a semejanza de Colombia, durante los últimos 15 años, también se hicieron dependientes de la minería, pero, al tiempo, se fijaron en desarrollar mejores prácticas en su sector agrícola, como resultado, hoy exportan buena parte de su producción. Acá pudo ocurrir algo parecido, pero no hubo voluntad para lograrlo.

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