“Si tuviera corona, sería de espinas”: Santiago García

Crédito: COLPRENSA - EL NUEVO DÍA
Director del Teatro La Candelaria de Bogotá, nunca se sintió un Quijote triste y desesperado, más bien un Sancho Panza. Consideraba que haberse dedicado al teatro fue una comedia terrible.
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El pasado lunes falleció Santiago García, uno de los máximos maestros del arte dramático en Colombia y cofundador del Teatro La Candelaria, que desde el centro histórico de la Capital del país, siendo uno de los bastiones más importantes del teatro independiente en América Latina de las últimas décadas.

En los últimos años se alejó de todo. Ni siquiera asistía a los homenajes que se le rindieron para exaltar toda su labor y entrega a las artes dramáticas. Esta fue una de las últimas entrevistas que entregó mientras recorría la antigua casa en la que fundó el Teatro La Candelaria.

 

En sus palabras

La primera vez que lo vi me invadió un profundo respeto, pero también sentí temor. Su mirada dulce se me antojó amenazante, detrás de sus lentes redondos, sacados como de los años 60.

Estaba dando órdenes a los actores cuando me vio en la sala del teatro y frunciendo el ceño se me acercó para decirme: “Lo siento, no puede tomar fotos del ensayo. Es más, no debería estar aquí”.

Después, percibiendo mi sorpresa, cambió su tono de sermón para advertirme como un padre a su hija: “A los actores no les gusta que los vean cuando nada está listo, ni la escenografía. La obra es para verla en el estreno”.

Pese a esa amarga experiencia, al día siguiente volví a su teatro, a La Candelaria, en Bogotá. No me perdonaría dejar pasar la oportunidad de entrevistar a Santiago García, tan padre del teatro en Colombia como Enrique Buenaventura.

Volví y lo encontré de afán, pero no tuvo reparo en sentarse conmigo bajo el sol. Entonces descubrí su humor inteligente, su sencillez, su pasión por la cocina, su práctica del taichí y su gran parecido más que con el Quijote con Sancho Panza, como él dice.

Entonces lo sentí dulce cuando me habló de Nayra, su estreno en el Festival Alternativo de Teatro, que se realiza paralelo al Iberoamericano de Fanny Mikey, ese del que se retiró debido a diferencias irreconciliables. Debajo de ese bigote cano que varias veces se quitó para hacer películas, descubrí sonrisas.

 

El juego del arte

- Dice que es un explorador del teatro ¿qué tesoro encontró?

Diversión. El arte es un juego en el cual uno tiene que divertirse mucho al buscar lo que no sabe. Es un reto de la imaginación, de jugar con lo imposible. Es una aventura que significa placer.

 

- ¿Quién, cuándo y cómo le dio la mayor lección de teatro?

Mi mamá, cuando era muy chiquitico, se quedó mirándome una vez que hice mi primer intento de teatro y me dijo: ¡Tan ridículo que lo verán!

- ¿Desde cuándo sueña con el teatro?

Desde los 5 ó 6 años. Nací en Bogotá, pero pasé mi infancia en Puente Nacional, donde había representaciones y charadas populares que me fascinaban.

- ¿Su debut en las tablas fue un drama, una comedia o una tragedia?

Una peripecia en la que permanentemente había el riesgo de resbalarse y caer.

-¿Qué significó Seki Sano en su vida como dramaturgo?

Fue el hombre que logró que se me juntara el mundo de la arquitectura y el diseño con el teatro.

- ¿Qué no le perdona a un actor?

El incumplimiento, porque encierra el no placer e indica que está haciendo esto por obligación.

- ¿Es un director regañón?

Cuando toca, sí. Me gusta regañar si tengo razón. Me siento mal cuando me hacen caer en la cuenta de que a veces regaño sin tener la razón.

- ¿Es otro fuera de un ensayo?

Sí, porque la vida en el ensayo es un riesgo, en cambio afuera las relaciones son de simpatía.

- ¿Qué siente que sus alumnos se vayan a la televisión?

Es que yo no tengo alumnos. No sé por qué me llaman maestro, tal vez maestro de obra. Claro que dirigí la Escuela Nacional de Arte Dramático, pero no me considero profesor, soy director.

Odio a muerte la pedagogía y odio que alguien se sienta mi discípulo. Los compañeros de teatro son colaboradores de un proyecto, igual o a veces superiores a mí.

- ¿Por qué tanto recelo en no dejar ver el ensayo de una obra?

Un pintor nunca deja que le miren su obra hasta que no esté terminada, incluso le pone un velo y la destapa cuando ya está. Cuando la gente ve un ensayo puede ver las fallas como virtudes.

- ¿Qué les exige a sus actores?

Responsabilidad, cumplimiento y placer, que sean capaces de gozar con lo que hacen.

- ¿Cuál es su personaje favorito?

El más complejo es Hamlet, de Shakespeare, el que tiene menor carácter heroico. Pero ni lo he interpretado ni lo haré, es un modelo de esos que uno no imita.

- ¿El Gobierno ha sido una cruz para el teatro?

No nada, ni cruz, ni hoz, ni martillo, ni nada, a pesar del gobierno y a espaldas de la política es que ha habido teatro en este país.

- Pero decía en una ocasión que el gobierno le ha dado temáticas sangrientas...

Estaría medio borracho (sonrisa). Sí, es probable, porque Shakespeare estaría muy de acuerdo con eso. Donde no hubiera batallas y muertos no estaba contento.

- Ha sido un admirador de Beckett y de Bertold Brecht ¿Qué aprendió de ellos?

De Beckett, esa necesidad de hacer un teatro hermético, muy ambiguo, muy trascendente y de Brecht, un teatro muy explícito pero lleno del extrañamiento.

- ¿Es verdad que no vuelve al Festival Iberoamericano hasta que Fanny Mikey ‘voltee la arepa’ y ponga en el centro al teatro latino?

Sí y por el camino que va es cada vez más evidente que en el centro del cipote ponqué más grande del mundo, no lo llamemos arepa, está es el teatro europeo, norteamericano y en los alrededorcitos el latinoamericano y por nuestra pugna está el colombiano.

- ¿Y qué herencia quiere dejarle usted al teatro colombiano?

La falta de seriedad, la incredulidad y el escepticismo profundo.

 

El mamagallista

- Usted que ha sido seguidor de William Shakespeare ¿cómo ha sido de Romeo?

Ah, bueno, no sé si sería como Shakespeare, porque él era muy disoluto, era un joven raro y yo no (carcajada). Siempre he sido muy común y corriente.

- Ha dirigido en México, Costa Rica, Nueva York, Alemania. ¿No es profeta en su tierra?

El cuento de la profecía no lo practico mucho y salgo mal librado cada vez que vaticino algo con relación a mi vida privada. El arte puede ser profético. Eso ha acontecido en tres obras de creación colectiva en las que nos anticipamos a la realidad.

- ¿Y deja como los marineros un amor en cada puerto?

Amor, pero de la gente que ve mi teatro. ¡Cómo le parece la desgracia! nunca me ha sucedido (risas) encontrarme un amor por ahí. No tengo pinta de marinero, tal vez.

- ¿En su vida personal cuál ha sido la comedia que ha vivido?

El haberme dedicado al teatro me parece una comedia terrible.

-¿Y la tragedia?

Todo el tiempo que no estuve haciendo teatro.

- ¿Y la farsa?

Es creerme el cuento de que soy maestro.

- ¿Se siente un quijote del teatro en Colombia?

Sí, pero no un Quijote triste ni desventurado, no la imagen del que comete hazañas por un gran ideal, un quijote mucho menor y que no está desesperado.

- ¿Y cuál sería su Sancho Panza?

Ese es el que más se parece a mí, más que el Quijote.

- ¿Y ha sido tan afortunado en las lides del amor como en el teatro?

No, porque entonces no cumpliría el aforismo: de buenas en el juego, de malas en el amor.

-Dice que en el escenario se es rey, ¿cuál es su corona?

Con la dramaturgia uno domina el tiempo y el espacio. Pero si tuviera corona, sería de espinas, por las deudas y los problemas económicos del grupo.

- ¿Y los polvitos mágicos?

¿Ah? El polvito mágico ya es de la vida privada.

- Usted hace taichí...

Es que me permite la concentración, el manejo del ritmo interior y es bueno para la salud. Hace más de un año lo practico una hora diaria con todo el grupo.

 

El amigo de Enrique

- Montó usted con Fausto Cabrera la obra de Enrique Buenaventura, A la Diestra de Dios Padre ¿Cree que él esté allí?

Creo que el Dios padre está a la siniestra de Enrique, porque él era un personaje muy malévolo. Dios debe estar muy incómodo con ese tipo allí al lado.

- ¿Y Santiago García llegará a la Diestra de Dios Padre?

No, no, yo me hago detrás más bien, para no quedarme ciego con los reflejos.

- Fue acusado por su amigo Buenaventura de haber invitado a un militar a la obra La Trampa, que le valió la expulsión de Bellas Artes, ¿asume su culpa?

Si él lo dijo, lo dijo de una manera muy irresponsable y debe estar pagando por eso una condena muy fuerte. El militar debió ir pero no invitado por mí.

-¿Se considera como Buenaventura un terco del teatro?

Yo nunca me he igualado con Enrique Buenaventura. Siempre he dicho que él es muy superior a mí y mucho más terco que yo (risas).

- ¿Qué herencia personal y teatral le dejó Buenaventura?

La mamadera de gallo (risas).

 

Dramaturgo que pinta

-Alguna vez dijo que si no fuera dramaturgo habría sido pintor. ¿El teatro pintaba mejor?

Desde muy pequeño me tira mucho la pintura. No he dejado de pintar mientras hago teatro.

-¿Vende sus cuadros?

Pinto por puro placer, si da la casualidad de que alguien me vaya a comprar un cuadro ¡se lo vendo!

- ¿Por qué dijo que si volviera a comenzar sería astronauta?

No, más bien astrónomo (risas). Algo que tuviera que ver con las estrellas, con el cosmos.

-¿Para evitar la gravedad?

Debe ser. No soy serio, no me gusta ser grave.

-¿En qué época vivió en las nubes?

Entre los 7 y los 12 años me gustaba subirme a los tejados y ver el mundo desde muy arriba.

 

Mal bailarín

- ¿No lo decepciona que su hija no haya seguido sus pasos?

No, al contrario, la envidio porque a mí la televisión y el cine me fascinan sobre todo en el terreno en el que ella trabaja, la parte técnica. Yo ya me quedé muy viejo para eso.

- ¿Y qué le gusta ver en Tv.?

El fútbol y los noticieros me encantan, me aguanto las telenovelas que son más bien idiotas, ojalá tuvieran la misma emoción que tiene un partido.

- ¿Qué tan bohemio es usted?

Lo que le impide mucho a uno el problema de la bohemia son las condiciones físicas y desgraciadamente no le colaboran a uno ni el hígado ni los riñones. Si por mí fuera le estaría contestando esta entrevista bien borracho.

- Dicen que cocina muy bien...

Me gusta mucho, sobre todo es una evasión, de cuando uno está demasiado tenso. Hacer un ponqué es una proeza, se le van a uno cuatro o cinco horas.

-¿Y para el baile qué tal es?

Maaalo. Muy malo. No me gusta.

-¿Qué tiene de músico, poeta y loco?

Todo (risas). Me gusta la música, pero soy malo para escribirla. Poeta, pues me pasa lo de muchos colombianos, escribo poemas en el inodoro. Y el hecho de estar haciendo teatro es una locura, hacer una cosa que no sirve para nada es un síntoma de desviaciones mentales bastante sospechosas.

 

Gustos

Ropa: “Me gustaría más bien andar desnudo, que usar cosas (risas). Estar en una playa con casi nada me encanta”.

Zapatos: “Que a uno le permitan correr y hacer ejercicio, cómodos”.

Hobbie: “Mi mayor gusto es gozar de la naturaleza”.

Aroma: “Aroma humano, el natural”.

BOGOTÁ, EL PAÍS

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