Imponer su opinión es falta de respeto

Crédito: Tomada de Freepik.com/ EL NUEVO DÍA
En un mundo tan incierto, en constante cambio y en el que cada vez tenemos mayor certeza sobre la interdependencia de los seres humanos, es preciso que ajustemos ciertos comportamientos que con frecuencia impiden establecer buenas relaciones con los demás, entre ellos la postura que asumen algunas personas que se consideran poseedoras de la verdad, que no admiten discusión sobre sus opiniones y creen tener la última palabra.
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Con este tipo de personas es muy difícil establecer una interlocución amable y enriquecedora, pues suelen pensar que saben más que los demás, que tienen más experiencia que los otros, que su versión es la correcta, que tienen la razón en cualquier discusión y que su opinión es más importante y acertada que las demás.

En tales condiciones es desgastante y fastidiosa cualquier interrelación, tanto que puede generar agrias discusiones e incluso al rompimiento de la comunicación.

En general, se trata de personas que no son conscientes de su comportamiento, de cuánto perturban a los demás y cuánto daño se hacen a sí mismas.

Suelen culpar a los demás de sentir envidia de sus conocimientos y logros y consideran que lo malinterpretan porque “la ignorancia es atrevida”. Ellas, a su vez, suelen ser calificadas como autoritarias, intolerantes, excluyentes, “sabiondas” y hasta indeseables como interlocutoras.

Quienes actúan de esa manera reflejan un fuerte autoritarismo y en el fondo son personas inseguras que necesitan llamar la atención, así sea gritando o haciendo “berrinches”. Esa inseguridad, con frecuencia le hace sentir que reconocer su equivocación o aceptar que alguien tiene la razón, le implica perder respeto, admiración o protagonismo.

Tenga en cuenta que lo único constante es el cambio y que, con la gran velocidad con que crece y evoluciona el conocimiento, es posible que lo que hoy es un hecho cierto posiblemente mañana se haya modificado, ampliado o profundizado.

Por ello, no es correcto tratar de imponer un concepto sin considerar las opiniones, gustos o preferencias de los demás, o subestimar nuevas ideas o puntos de vista. Tener en cuenta el punto de vista de otros puede aportar nuevos ángulos y perspectivas de análisis de un problema o situación, ver nuevas oportunidades o encontrar diferentes maneras de hacer las cosas. 

Es imperativo que aprendamos a escucharnos y a observar nuestras propias actitudes y comportamientos con objetividad para reconocer si con ellos entorpecemos nuestra relación con los demás.

Acepte que, por más que usted sepa sobre un tema, sea el jefe o tenga una amplia experiencia, no necesariamente tiene la razón en todo, ni “se las sabe todas”.

Aprenda a escuchar con atención, pare de hablar y haga silencio, evite imponerse sin dar espacio para que otros se expresen. Inclusive, estimule la controversia y pida nuevos puntos de vista, con ello podrá ratificar o corregir sus ideas y enriquecer sus conocimientos.

Estas consideraciones son válidas para todos los ámbitos, ya sea el laboral, familiar, social o afectivo.

Sea respetuoso de las ideas de otros y, aun cuando se considere el más versado, permita a los demás exponer sus conceptos, no importa si después deban reconocer la equivocación, esa una forma de enseñar.

No interrumpa constantemente a las personas cuando le hablan, mírelas cuando se dirijan a usted, controle sus expresiones de fastidio, aburrimiento o desaprobación; tampoco termine las frases que ellos inician.

Reconozca el aporte de los demás, si es posible en público y de manera inmediata. Esa es una expresión de respeto y además una motivación a la participación, creatividad y compromiso.

En fin, muéstrese siempre dispuesto a escuchar y a aprender; cada persona por sencilla o humilde que sea, tiene algo valioso qué enseñar. Cada día podemos aprender algo, sólo se necesita tener una mente abierta y dispuesta a reconocer que no siempre tenemos la razón, ni somos poseedores de la verdad única y absoluta.

Martha Cruz

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