Redescubriendo ‘joyas’ ambientales de Murillo y Villahermosa

Crédito: Suministradas - EL NUEVO DÍA
Frailejones, ríos, quebradas y lagunas, conforman un fragmento ambiental importante que está resguardado por la niebla a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.). El reto es generar conciencia para que la intervención del hombre, no dañe un ecosistema que aunque aparente fragilidad, tiene la gran fortaleza y el papel fundamental de ser una fábrica de agua.
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A 3 mil 900 m.s.n.m. se encuentra el sector ‘La Piraña’, un ecosistema de páramo de hermosa belleza natural que contrasta con su nombre y que cumple la importante tarea de ser una fábrica de agua en el norte del Tolima.

En medio de las montañas se ven miles de frailejones que dibujan un paisaje único, que logra tocar la sensibilidad de sus visitantes, pues es asombroso tener de cerca aquellas plantas que cumplen un papel tan importante en el equilibrio de la vida y que es tan vulnerable ante la mano del hombre.

“Hace unos cinco años hubo un incendio forestal, se quemaron unas hectáreas de bosques de frailejón. Aun se ve la marca, el impacto ambiental de un incendio en este ecosistema, es brutal”, explicó Eduard Enciso, integrante del grupo de guías Guardianes del Cumanday.

Otra de las huellas que se notan en el lugar es la de la ampliación de la frontera agrícola. A la distancia del punto ‘La Piraña’ se ve menos cantidad de frailejones, mientras que las áreas de potreros y pastizales para ganado van aumento en los predios privados, este es un proceso que inició años atrás y se convirtió en una amenaza para el páramo.

En medio de los riesgos y la falta de conciencia ambiental de algunas personas, las plantas de nombre científico Espeletia se mantienen erguidas, con sus hojas listas para atrapar el agua que transporta la niebla, posteriormente la sueltan lentamente al suelo, “en temporadas de verano, las zonas bajas (municipios de la planicie), reciben el agua de este ecosistema porque la nubosidad es muy alta. Es lo que nos mantiene a nosotros (a través) de las fuentes hídricas”, comentó Eduard.

Algunos, de los frailejones ubicados en ‘La Piraña’ jurisdicción de Villahermosa y zona amortiguadora del Parque Nacional Natural los Nevados (PNNN), tienen alrededor de 20 años, asimismo, hay unos tan pequeños que se encuentran a nivel del suelo, a pesar de su tamaño, también están listos para convertirse en un contenedor de agua. Se estima que el Tolima posee el 25% de zonas de páramos del país y están distribuidas en 14 municipios entre los que se encuentran Murillo, Villahermosa, Santa Isabel, San Antonio, Chaparral y Planadas.

Eduard como ‘guardián del Cumanday’, explicó que parte de su trabajo es enseñarle a los visitantes a cuidar a los frailejones y evitar que los deshojen, pues una característica de esta planta es tener una capa de hojas secas, las cuales a pesar de mostrar apariencia de no tener vida, siguen cumpliendo la función de cubrir el tallo y la médula del frailejón.

Durante la emergencia sanitaria, la movilidad de personas por la zona disminuyó considerablemente, ahora con la reactivación económica y turística, el riesgo de que los curiosos e inconscientes dañen las plantas, vuelve a generarse. “La recomendación es que la gente no llegue a quitarle las hojitas, dicen que se la van a llevar, que se la ponen en el oído para el dolor.

“La idea es que los admiren, conserven y vean, el mejor recuerdo es que se lleven una foto de ellos”.

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‘La Llorona’ que se esconde en el Alto de Ventanas

En la tradición oral del Tolima, uno de los mitos recordados es el de ‘La Llorona’, una mujer que al perder a sus hijos, empezó a andar por lugares solitarios como lagunas, quebradas y charcos profundos.

En la actualidad, hay una ‘Llorona’ que se esconde entre la niebla a 3 mil 900 m.s.n.m., específicamente, al occidente de Villahermosa en el sector conocido como Alto de Ventanas. Se trata de una laguna que tendría una profundidad de 30 metros y que hace parte del Parque Nacional Natural los Nevados.

Para llegar allí se debe conducir por la vía Murillo – Manizales, carreteable que está en pésimo estado y que se torna más difícil en época de invierno. Luego de superar los impases propios de andar por una carretera destapada, se llega a un mítico lugar custodiado por varios peñones que a su vez son cubiertos por un valle de frailejones.

La laguna ‘La Llorona’ es considerada por las autoridades ambientales como un cuerpo de agua protector, debido a que hace parte de un importante sistema de vida, también, está ubicada en la zona amortiguadora del PNNN.

 

Trabajo que da resultados

Eduard Enciso, que es oriundo de Murillo, lleva seis años siendo parte de Guardianes del Cumanday, por ello al preguntarle qué tanto ha cambiado el paisaje, comentó que se ha logrado un resultado positivo de preservación a través de proyectos de reforestación, sensibilización con niños y adultos, al igual que, con la limpieza a las fuentes hídricas.

Mencionó que una muestra de dicho trabajo, es la recuperación del termal La Cabaña, que pasó de ser un lugar en el que se arrojaba basura, a un sendero ecológico de frailejones y hábitat de distintas clases de aves. Todo este trabajo se complementa con la iniciativa de un turismo sostenible y comunitario.

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Río Lagunilla: límite hídrico entre Murillo y Villahermosa

Cuando se menciona el río Lagunilla, es inevitable pensar en la tragedia del 13 de noviembre de 1985, cuando hubo un represamiento de millones de metros cúbicos de agua, que aportaron significativamente a la avalancha que arrasó a Armero.

Pasados 35 años de este doloroso capitulo para los tolimenses, el ‘Lagunilla’, ubicado en la vereda La Cabaña de Murillo, cerca de la falda del volcán Nevado del Ruiz a 3 mil 650 m.s.n.m., se aprecia como fuente cristalina inofensiva y tranquila, rodeada por grandes piedras de color amarillo, que dan un particular color a su fondo. A pesar de que el agua se ve limpia, no es potable pues contiene altos niveles en azufre y hierro.

Eduard precisó que en este punto que limita a Murillo y Villahermosa, se puede apreciar especies propias del subpáramo como son los bosques enanos y los árboles llamados siete cueros, asimismo, los robles, “aquí empieza la transición a ecosistema de páramos, es donde se empieza a ver frailejones, pinitos de páramos, guarda rocío, árnica, muchísimas especies de plantas y animales que marcan la diferencia”.

El paisaje que es adornado desde lejos por la imponencia del ‘Ruiz’, también tiene varios riesgos por la expansión de la frontera agrícola. Aunque en este tema entran en juego las pocas alternativas de sostenimiento económico que tienen los campesinos de la zona.

Por ello, lo ideal sería generar un ingreso económico que incentive a los agricultores, a ser guardianes de los ecosistemas que los rodean, o tal vez impulsar en la zona propuestas concretas de ecoturismo o agroturismo.

“Se ha tratado de sensibilizar a los campesinos y a las personas del municipio, al igual que, a los visitantes, como Guardianes de Cumanday se le apuesta a la conservación de los recursos naturales”, precisó Eduard.

XIMENA VILLALBA C.

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