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Desencuentro por la utilización de hornos donados por la Jica

Crédito: Archivo / EL NUEVO DÍAEn los hornos de leña (foto) el tiempo de la quema es mayor al que se emplea en los hornos de gas que donó la Jica.
Los hornos que fueron donados a los artesanos de La Chamba hace algunos años por la Jica son motivo de desencuentro porque actualmente estarían situados en predios privados y denuncian supuestas restricciones para su utilización.
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A finales de 2015 la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (Jica) anunció una inversión superior a los 100 mil dólares para la donación de siete hornos a gas para el beneficio de los artesanos de La Chamba en el proceso de elaboración de sus piezas y productos. La Administración municipal de esa época aportó la infraestructura para su instalación.

Dentro de las finalidades del proyecto destacaba “mejorar las condiciones laborales de los artesanos con la implementación de espacios adecuados que eviten el trabajo a la intemperie, agilizar el proceso de quema y tratamiento de los productos”, entre otras disposiciones, aseveró en un comunicado la entidad en aquel momento.

Según se conoció, y tal como reposa en la página web de la embajada de Japón en Colombia, esta entrega fue coordinada a través de la Corporación de Artesanos de La Chamba (Coartechamba).

Así que algunos miembros de la asociación cedieron terrenos de su propiedad para la adecuación de los hornos, lo que se tradujo en un enorme beneficio para la comunidad, que pudo acceder a estos sin inconvenientes.

Especiales.

“El horno de gas le representa un ahorro de energía y de esfuerzo físico al artesano de un 80 por ciento. Además que disminuye las talas y las podas de los árboles porque normalmente se emplea leña para el método tradicional”, afirmó Camilo Ernesto Prada, artesano de La Chamba.

En la mayoría de los casos, estos se ubicaron en el fondo de los predios, así que los interesados en hacer uso del horno debían cruzar por el patio de las viviendas para hacer la quema de sus elaboraciones.

 

Dificultades

Según le manifestaron a esta redacción algunos artesanos, al momento de la entrega de los hornos supuestamente se incluyó una cláusula que indicaba que después de cinco años de funcionamiento de los hornos, los terrenos dejarían de pertenecer a la asociación y retornaban a su propietario original.

“Pasados los cinco años todos empiezan a construir y a cerrar (en la parte delantera de las viviendas). Casi todos están cerrados en este momento. Dicen que sí, el horno le pertenece a Coartechamba, pero cómo se ingresa a él si no hay una vía de acceso “, refirió Prada.

Especiales.

Esto ha generado lo que se podría considerar como un tipo de restricción para hacer uso de estos hornos específicos que, en algunos casos, se considera están ‘cercados’ por la imposibilidad de llegar a ellos.

Quizá una de las alternativas que se ha ‘puesto sobre la mesa’ es comprar las vías de acceso a estas infraestructuras, hoy en predios privados, pero tras ser estudiada, la opción no es viable, pues al momento de que alguno de los dueños de los terrenos decida vender, el horno aparecerá dentro de las escrituras y el comprador o nuevo propietario que llegue no permitiría el uso de ese espacio.

“Lo que yo digo es que tomen esas escrituras, vuelvan y hagan el papeleo que sea necesario y entreguen esas áreas a la asociación de artesanos sin cláusulas de retorno o que cedan el área a la Junta de Acción Comunal o la Alcaldía del Guamo, para que esas entidades se encarguen de su administración y no haya espacio a inconvenientes o confusiones”, aclaró Prada.

El hombre fue más allá e indicó que de contar con una administración se podría pensar en el mantenimiento y mejoramiento de dichos espacios, así como la instalación de puntos de luz, lo que beneficiaría y ampliaría los márgenes de tiempo para la quema.

Prada explicó que a la mayoría, de los siete hornos donados por la Jica, no se puede llegar por la situación descrita.

“Solo hay uno ubicado en el sector centro que quedó en un espacio familiar y tiene una vía de acceso hacia allá, y otro en la entrada de La Chamba que tiene un acceso. Solo hay que pedirle permiso a los dueños de la casa que se encargan de la supervisión del horno”, declaró.

Especiales.

Baja en la productividad

Los afectados reconocen que todo esto ha desencadenado en una disminución en la productividad, pues “en ocasiones toca hacer unos ingresos casi que ilegales, es decir casi que esperar a que el dueño de la finca se vaya para cruzar el alambre e ingresar a hacer la quema”, afirmó Prada.

Vale indicar que el proceso en un horno de gas es más ágil si se compara con uno que opera con leña. Se estima que se destina una hora y media a lo que denominan la ‘quema’.

“Son 30 minutos más que se demora el artesano empacando y otros 30 para que el objeto se enfríe un poco y así poderlo remover. Así en total ya serían dos horas y media”, dijo el hombre.

 

DATO

Los hornos fueron donados por la Jica a finales de 2015 y en su momento se proyectó que beneficiarían a unos 1.100 artesanos.

MANUEL BRISNEDA

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