Yo, Gobernador (I)

Alberto Bejarano Ávila

Animado por “tanta sapiencia, agudeza, compromiso y espíritu transformador observado en la actual campaña electoral”, creí oportuno hacer un alto en mi juicio crítico para fantasear que había sido elegido gobernador para el periodo 2024-2027, por arte de birlibirloque claro está, porque la legítima política no existe y por urdimbres politiqueros sería vergonzoso. Una vez designado el 29 de octubre y con “la papa caliente en la mano”, tenía que pensar el qué hacer a partir de enero del 24 y, en efecto, ordené una línea de trabajo que quiero compartir con los amables lectores, advirtiendo que omito asuntos de rutina, que la redacción del plan de gobierno se traza más desde un enfoque cualitativo que funcional y que el “no se puede” no será opción para esquivar las luchas propias de un proceso de trasformación tolimense.
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Inicio diciendo que se eliminará el culto al personalismo; se tomará como crucial el valor de los grandes acuerdos con todos los actores económicos y sociales; la eficiencia y la eficacia se juzgarán por resultados y no por subjetivismo o tretas y, por ello, se rechazará todo elogio personal por obras financiadas por el departamento y se agradecerá a los contribuyentes y entidades que las hicieron posibles; el staff ejecutivo será seleccionado por méritos y no por cuotas políticas; se trazarán planes de formación pertinente y continua a todos funcionarios de carrera administrativa; se delegarán funciones sin esquivar responsabilidades. La relación con la Duma Departamental y la clase política serán cordiales, cristalinas y puestas a examen de la opinión pública; se instará al aparato mediático a centrar su atención más en la eficacia en la ejecución de las obras y programas que en el rumoreo o el enfermizo protagonismo.

En esencia mi tiempo trascurrirá en tres anchuras: una, recorrer al Tolima para reconocer y potenciar oportunidades y superar obstáculos. Dos, instituir positivas relaciones nacionales y globales para mediar trasferencias de conocimientos, definir la viabilidad de grandes obras de infraestructura, acercar la cooperación internacional, buscar el rencuentro físico y virtual de los tolimenses, obtener financiación de la nación para construir obras de infraestructura y planes sociales, ampliar referentes de modernidad y civilidad. Tres, mantener el hábito del diálogo con los funcionarios para estar informado del avance de los planes y programas en cada área de la gestión pública, estimular y aconsejar acciones y sugerir salidas a eventuales tropiezos. Paginas adelante se detallarán algunas ideas motoras para trasformar al Tolima.

Respecto a la contratación y ejecución de obras y demás contratos se trazará, como política, el empoderar a cada secretario de despacho y gerentes de entes descentralizados para que, en coordinación con la secretaria de hacienda, delineen contratos, cumplan los procesos de contratación (privilegiando a profesionales y empresas tolimenses) e inviten a comunidades o sectores beneficiarios y ante ellos, que serán designados veedores cívicos del contrato en cuestión, lo formalicen y luego, cuando las obras se terminen y entreguen a satisfacción, los funcionarios y la comunidad beneficiada, las inauguren formalmente. Continúa…

ÁLBERTO BEJARANO ÁVILA

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