Hay que fundar un nuevo mundo sustentado en el afecto

¡Cómo no hablar de adicciones y de dependencias o de abusos y excesos, si somos producto de una cultura en la que todo está dispuesto para ello! Y no sólo somos producto –visto así pareciera como si no tuviéramos la culpa de nada-, somos coproductores, hacedores negligentes e ingenuos de “lo mismo“.

Para qué ir a una conferencia sobre prevención en drogas o para qué dictarla si seguimos en lo mismo, dentro del mismo sistema, éste que nos ha enseñado desde pequeños que las esperanzas y utopías deben enfocarse en el uso de la razón, en el desarrollo de la tecnología y en el progreso de la ciencia, lógica que ha reducido las posibilidades del ser humano a una sola cosa: el éxito económico, el produccionismo y el consumismo.  

Estudiamos para tener dinero, esperamos las oportunidades o las buscamos pero dentro de un enfoque de tener, producir y consumir. 

Nuestra cultura es muy frágil. Toda la vida estudiamos para trabajar, investigar y educar “en“, “por“ y “sobre“ el desarrollo económico, industrial y financiero del país, y se nos ha olvidado que lo más importante, como ha dicho Fernando Savater, es saber hacer buen uso del mundo; pero lamentablemente este es un mundo al que usamos como un objeto que después de utilizar lo desechamos queriendo otro.  

Estamos en una sociedad donde lo más importante es producir para consumir, elementos claves que han generado las adicciones y las dependencias, los abusos y los excesos de nuestra cultura. Vivir es consumir, ¡esa es la realidad! Se es feliz en la medida en que se consume, no sólo productos como tales, sino que se nos venden formas de ser felices y además fabricamos modelos de felicidad: los sentimientos, los afectos, todo lo que es el ser humano, nuestra cultura lo transforma en un producto, en algo que se debe usar, por eso el amor se usa, el cuerpo se usa, la amistad se usa. 

¡Qué ambiente tan propicio para las adicciones, las dependencias, los abusos y los excesos! Estamos cansados y buscamos la felicidad en cada cosa que miramos, que compramos; no es de extrañar que en el mercado de las drogas se encuentren ofertas como éxtasis, cuyo nombre lo explica todo, o heroína, palabra que significa “poderoso heroico”. 

Ante estas condiciones tan fuertes del capitalismo y que generan tantos desequilibrios, necesitamos vivir la vida de una manera más afectiva, es necesario entonces fundar un nuevo mundo sustentado en el afecto. Las drogas, el narcotráfico, las adicciones, son maneras en que esta cultura nuestra se expresa, grita su vacío y a la vez su saturación. Presentar soluciones es algo utópico porque son simples formas, son modulaciones de la cultura en la que vivimos y que reproducimos a diario de manera inconsciente e ingenua. 

Me da mucha pena con ustedes pero todos estamos equivocados. La problemática de las drogas, del narcotráfico, de las adicciones, no podrá solucionarse como se viene pensando y planteando. Cada día hay más drogodependientes, más farmacodependientes, más adictos, cada día hay más drogas que ofrecen paraísos perfeccionados y cada día hay más buscadores de felicidades efímeras y tramposas. ¡Cómo no hablar de adicciones y de dependencias o de abusos y excesos, si somos producto de una cultura en la que todo está dispuesto para ello! Y no sólo somos producto, somos coproductores, hacedores negligentes e ingenuos de “lo mismo“. 

Aunque quisiéramos tener soluciones radicales, en este caso no son posibles porque no es como coger el vaso y cambiar el agua vaciándola, hay que cambiar el agua mientras el vaso está lleno; los cambios se dan en términos de proceso, por eso, al menos desde este espacio, le apostaremos a seguir hablando del tema.

Credito
FEDERICO CÁRDENAS JIMÉNEZ

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