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¡Vamos a ganar!

El 2022 debe ser el año del cambio histórico. Nunca antes (al menos desde que tengo memoria) había estado tan cerca la posibilidad de transformar la realidad en que vivimos.
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El estallido social y las protestas de 2020 y 2021, la absoluta desaprobación del nefasto gobierno uribista saliente, el hambre y la miseria que se mostraron sin filtros por la pandemia y demostraron la sociedad inaceptablemente desigual que hemos construido, son síntomas irrefutables para afirmar que está cerca una victoria política contundente que marcará el inicio de un camino de transformaciones que deberán conducir a mejorar la vida de todos los colombianos. El triunfo de Gustavo Petro y la elección de unas mayorías en el Congreso de la República dispuestas a producir reformas que garanticen derechos y oportunidades para todos (que no solo se logrará eligiendo listas del pacto histórico, también de políticos cuya trayectoria y principios guarden coherencia con ideales liberales progresistas), debe ser nuestro propósito común. 

Por supuesto que no será fácil. Los que se oponen al cambio tienen todo tipo de armas para tratar de contrarrestar la inminente victoria popular: cuentan con un aparato de engaño y mentira que les funcionó espléndidamente en contra del Plebiscito por la Paz y en la pasada elección presidencial; cuentan con la mayoría de medios de comunicación masivos que están al servicio de sus poderosos dueños, que ven un gobierno reformista como una amenaza para sus acumulados económicos; poseen ríos de dinero provenientes de las élites que se han favorecido de las políticas plutocráticas que ha impulsado el uribismo y en general todos los gobiernos neoliberales que han mantenido el poder en Colombia; tienen a su favor la mayoría de clanes políticos regionales que actúan como verdaderas mafias para asegurar montones de votos comprados, aprovechándose de manera infame de la pobreza y la precariedad de la gente; y, por último, son hasta capaces de desplegar la violencia física: “plomo es lo que hay, plomo es lo que viene”. 

Pueden tener todo eso, pero carecen de lo más importante: agenda, apoyo popular y credibilidad. Solo Gustavo Petro le ha hablado claro al País con propuestas para solventar la crisis económica y la escasez de empleo; recuperar la producción nacional y revitalizar sectores productivos acabados; un modelo pensional que asegure un ingreso mínimo para los adultos mayores desprotegidos y, además, que pensione; una reforma tributaria justa y progresiva que sirva como vehículo para redistribuir la riqueza; alternativas posibles para enfrentar la crisis climática, eliminar progresivamente la dependencia de los hidrocarburos y tomar la vanguardia en negocios compatibles con los desafíos ambientales; inversión en salud y educación para combatir la desigualdad y la pobreza. La contundencia de sus propuestas, el nulo miedo al establecimiento y los poderosos, su comprobada lucha contra la corrupción, y su talante democrático que echó abajo los cuentos del castrochavismo y la segunda Venezuela, han valido un poderoso y auténtico apoyo popular.

Ninguna victoria se logra sin lucha, sin resistencia, sin determinación y sin activismo. Quedan pocos meses de una hermosa campaña para derrotar el miedo y recuperar la esperanza, desplegar la movilización social, hacer pedagogía y diálogo en las calles, mostrar fraternidad con quienes piensan diferente. Tenemos todo para ganar. ¡Vamos a ganar!

 

Cesar Picón

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